Brasil aprobó reducir la semana laboral de seis a cinco días sin bajar los salarios

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El Senado brasileño aprobó una reforma constitucional que elimina la jornada habitual de seis días de trabajo por uno de descanso y reduce el máximo semanal de 44 a 40 horas. La medida contempla dos días de descanso remunerado y una transición gradual de 14 meses, en una decisión que modifica las condiciones laborales de millones de trabajadores.

Brasil dio un paso decisivo hacia una nueva organización del tiempo de trabajo. El Senado aprobó el 14 de octubre una reforma constitucional que termina con el esquema conocido como 6×1, en el que los empleados trabajan seis días y descansan uno, y establece una semana laboral de cinco días con dos jornadas de descanso remunerado.

La iniciativa recibió 75 votos a favor y uno en contra en las dos votaciones realizadas en la Cámara alta. Como el texto ya había sido aprobado por la Cámara de Diputados en mayo, no necesita regresar a esa instancia y quedó encaminado hacia su promulgación por el Congreso Nacional.

La reforma establece que la jornada máxima semanal pasará de las actuales 44 horas a 40, sin reducción salarial. El cambio no será inmediato: se aplicará de manera progresiva para permitir que las empresas adapten sus horarios y su organización interna.

De acuerdo con el cronograma previsto, 60 días después de la promulgación deberá comenzar a regir la semana de cinco días laborales y dos de descanso, junto con una reducción inicial del máximo semanal a 42 horas. Doce meses más tarde, el límite bajará a 40 horas, completando un período de transición de 14 meses.

La medida representa una modificación importante en la vida cotidiana de quienes cumplen jornadas extensas, especialmente en actividades como el comercio y los servicios, donde el esquema 6×1 es habitual. Para esos trabajadores, contar con dos días de descanso puede facilitar la recuperación física, el cuidado de familiares, la continuidad de los estudios y el acceso al tiempo libre.

El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva impulsó la reforma como parte de su agenda laboral y la convirtió en uno de los temas centrales de la discusión política brasileña. El presidente defendió la iniciativa como una forma de mejorar la calidad de vida de los trabajadores, al permitirles disponer de más tiempo para sus familias y sus actividades personales.

El respaldo parlamentario también atravesó las divisiones partidarias. Incluso Flávio Bolsonaro, rival de Lula en la segunda vuelta presidencial prevista para el 25 de octubre, terminó apoyando la propuesta después de haberse manifestado anteriormente en contra. El cambio de posición reflejó el peso que adquirió el tema en el debate público.

La reforma cuenta con respaldo de sectores sindicales, que desde hace años reclaman el fin de la jornada de seis días consecutivos de trabajo por uno de descanso. Para esas organizaciones, el cambio puede contribuir a reducir el desgaste laboral y mejorar la distribución del tiempo entre empleo y vida personal.

Sin embargo, la iniciativa también generó cuestionamientos desde sectores empresariales y políticos que advierten sobre los costos de reorganizar los turnos y cubrir las horas de actividad que dejarán de formar parte de la jornada ordinaria. Entre las preocupaciones aparecen los posibles efectos sobre las pequeñas empresas y las actividades que necesitan funcionar todos los días.

El debate enfrenta dos dimensiones económicas. Por un lado, la reducción de la jornada puede mejorar las condiciones de vida y abrir discusiones sobre productividad, organización del trabajo y generación de empleo. Por otro, su implementación exigirá cambios en los esquemas de personal, en particular en sectores que dependen de horarios prolongados o de atención continua.

El texto contempla excepciones y mecanismos específicos para determinadas situaciones. En circunstancias excepcionales, los acuerdos colectivos podrán establecer esquemas distintos del 5×2, siempre que se respeten las condiciones de descanso previstas. Los trabajadores tercerizados que prestan servicios a la administración pública tendrán un período de adaptación más largo, de hasta 12 meses desde la promulgación.

La reforma también incluye una disposición particular para empleados con título universitario que perciban remuneraciones mensuales iguales o superiores a 21.188,87 reales. Para ese grupo, la reducción de la jornada diaria dependerá de la decisión del empleador o de lo establecido en un acuerdo colectivo, aunque se garantizarán dos días de descanso semanal, preferentemente uno de ellos el domingo.

Según un estudio del Departamento Intersindical de Estadística y Estudios Socioeconómicos de Brasil, la eliminación del esquema 6×1 y la reducción de la jornada podrían beneficiar a unos 26,8 millones de trabajadores. La estimación incluye a aproximadamente 22 millones de empleados formales y a otros 4,8 millones de trabajadores informales que actualmente superan las 40 horas semanales.

La aprobación se produce en un contexto en el que las condiciones laborales y el costo de vida ocupan un lugar central en la agenda política brasileña. La discusión sobre el tiempo de trabajo dejó de ser una demanda limitada al ámbito sindical y se convirtió en una cuestión de alcance nacional, con implicancias económicas, sociales y electorales.

Con la reforma encaminada hacia su promulgación, Brasil se prepara para modificar una de las reglas más extendidas de su mercado laboral. El desafío será llevar el nuevo esquema a la práctica sin reducir los ingresos de los trabajadores y con una adaptación que contemple las diferencias entre sectores. El cambio pone en el centro una pregunta que atraviesa a buena parte de América Latina: cómo organizar el trabajo para sostener la actividad económica sin dejar la vida personal relegada al único día libre de la semana.