Una investigación de la Universidad de Pisa documentó una relación social y sexual sostenida entre dos animales machos de especies diferentes que coinciden durante el pastoreo en Etiopía. Los investigadores registraron 51 episodios de monta en menos de dos semanas y observaron comportamientos de cercanía que abrieron nuevas preguntas sobre los vínculos sociales en el mundo animal.
La naturaleza suele desafiar las categorías con las que los seres humanos intentan comprenderla. Esta vez, la sorpresa llegó desde una meseta de Etiopía, donde un toro y un burro macho, pertenecientes a distintos propietarios, desarrollaron una relación particularmente cercana que llamó la atención de un equipo internacional de investigadores.
Los animales fueron bautizados como Aquiles y Patroclo. Sus encuentros se producían cuando los rebaños de sus respectivos dueños coincidían en los pastizales de la región de Oromía. Lo que inicialmente parecía una conducta aislada terminó convirtiéndose en el objeto de una investigación sobre el comportamiento social y sexual de los animales.
El hallazgo fue accidental. Un grupo de científicos de la Universidad de Pisa, en Italia, se encontraba realizando un estudio sobre los geladas, una especie de primate que habita las tierras altas etíopes, cuando observó por primera vez al toro acercarse al burro. La reacción de Patroclo llamó especialmente la atención: no intentaba alejarse ni mostraba señales defensivas frente a la conducta de su compañero.
A partir de aquella escena, los investigadores comenzaron a registrar sistemáticamente las interacciones. Entre el 6 y el 19 de marzo de 2026 contabilizaron 51 episodios de monta entre ambos animales. Sin embargo, el dato que más interés despertó no fue solamente la frecuencia de esos encuentros, sino todo lo que ocurría alrededor de ellos.
Aquiles y Patroclo buscaban permanecer cerca cuando coincidían en los campos. Se lamían, se frotaban y se acariciaban con el hocico antes y después de las interacciones. El burro también participaba activamente de esos contactos y, en distintas ocasiones, se acercaba al toro para mantener la proximidad.
La relación mostraba además un marcado carácter selectivo. Los investigadores observaron que Aquiles intentó montar a otros dos burros machos, pero estos reaccionaron con señales de rechazo y buscaron apartarse. Patroclo, en cambio, no mostraba esas respuestas y mantenía con el toro una interacción constante.
Para Elisabetta Palagi, etóloga de la Universidad de Pisa y una de las autoras del trabajo, lo más llamativo fue comprobar que las conductas no constituían episodios independientes, sino que formaban parte de una relación social sostenida entre dos individuos. La investigadora destacó que ambos elegían repetidamente permanecer juntos, incluso cuando tenían otros animales alrededor.
El estudio, publicado en la revista científica Current Biology, plantea que estas interacciones no pueden explicarse únicamente como una conducta sexual aislada. Los contactos amistosos aumentaban después de los encuentros, lo que llevó al equipo a considerar que podían cumplir una función en el mantenimiento del vínculo entre los animales.
Entre las hipótesis que se analizan aparecen el fortalecimiento de las relaciones sociales, la reducción de tensiones y la combinación de motivaciones sexuales y sociales. Sin embargo, los científicos son cuidadosos al interpretar los resultados: las observaciones corresponden a una sola pareja y no permiten establecer con certeza qué función cumple este comportamiento.
El caso también se inscribe en un campo de investigación más amplio. Las conductas sexuales entre animales del mismo sexo están documentadas en numerosas especies, pero todavía existen interrogantes sobre las circunstancias en las que aparecen y el papel que desempeñan en las relaciones sociales. La historia de Aquiles y Patroclo ofrece una oportunidad para estudiar esas interacciones más allá de su dimensión reproductiva.
Los investigadores consideran que será necesario comparar estos comportamientos con los registrados en otras especies y contextos sociales para determinar si contribuyen a sostener vínculos, reducir conflictos o responden a diferentes factores al mismo tiempo. También advierten que no corresponde trasladar automáticamente categorías humanas de orientación o identidad sexual al comportamiento animal.
Más que una simple curiosidad, el vínculo entre el toro y el burro abre una ventana a la complejidad de las relaciones en la naturaleza. Dos animales que pertenecen a especies distintas, tienen dueños diferentes y solo coinciden durante el pastoreo terminaron protagonizando una relación que desafía explicaciones demasiado simples sobre el comportamiento animal.
La ciencia todavía no tiene todas las respuestas sobre Aquiles y Patroclo. Pero su historia vuelve a mostrar que la vida social de los animales puede ser mucho más diversa y compleja de lo que habitualmente imaginamos.