Rodrigo Paz, Santiago Peña y Yamandú Orsi relanzaron Urupabol y acordaron una agenda centrada en infraestructura, navegación, energía y comercio. La Hidrovía Paraguay-Paraná aparece como uno de los principales escenarios de una discusión regional en la que Bolivia busca mayor previsibilidad para sus exportaciones.
La Hidrovía Paraguay-Paraná vuelve a ocupar un lugar central en la agenda sudamericana. En Nueva York, al margen de la Asamblea General de Naciones Unidas, los presidentes de Bolivia, Rodrigo Paz; Paraguay, Santiago Peña; y Uruguay, Yamandú Orsi, acordaron reactivar Urupabol, un mecanismo de coordinación entre los tres países que llevaba años prácticamente inactivo.
La nueva etapa del bloque tiene una agenda amplia, pero la navegación fluvial aparece entre sus prioridades. Los gobiernos plantearon la necesidad de mejorar la infraestructura portuaria, fortalecer la conectividad y avanzar en una gestión más coordinada de la Hidrovía Paraguay-Paraná, una vía estratégica para el comercio regional.
Para Bolivia, el tema tiene una importancia particular. Al no contar con salida soberana al mar, la utilización de corredores fluviales y portuarios resulta fundamental para conectar su producción con los mercados internacionales. El Canal Tamengo, en la frontera con Brasil, constituye una de las principales puertas de acceso bolivianas al sistema de la Hidrovía.
En el tramo sur de la vía navegable existen además dificultades vinculadas con el mantenimiento y la acumulación de sedimentos. Esos problemas pueden reducir la eficiencia de la navegación y aumentar los costos para las empresas que utilizan el corredor, especialmente cuando se transportan grandes volúmenes de productos agrícolas y minerales.
La discusión incluye también el sistema de peajes y las condiciones en las que se realizan las tareas de dragado y mantenimiento. Para los países que dependen de la hidrovía, cada demora tiene una traducción económica: más tiempo de navegación, mayores costos logísticos y menor previsibilidad para quienes deben planificar exportaciones durante todo el año.
El relanzamiento de Urupabol busca precisamente generar una voz coordinada frente a esos problemas. Los tres gobiernos acordaron revisar los instrumentos fundacionales del bloque y orientarlo hacia cuestiones concretas como infraestructura, energía, inversiones, seguridad y conectividad. También resolvieron fortalecer el espacio empresarial para vincular a compañías privadas con organismos públicos y agencias de inversión.
La iniciativa no significa, por sí misma, la creación de un nuevo bloque comercial ni un enfrentamiento formal con Argentina y Brasil. La Hidrovía atraviesa los territorios de Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay, por lo que cualquier modificación estructural de su funcionamiento requiere coordinación entre todos los países involucrados. La propia agenda oficial de Urupabol plantea fortalecer los órganos de gobernanza existentes de la vía navegable.
En ese punto aparece una de las cuestiones más sensibles. Argentina y Brasil tienen un peso decisivo dentro de la infraestructura y las rutas comerciales de la región, mientras Paraguay se convirtió en uno de los principales usuarios de la Hidrovía para sus exportaciones. Bolivia, por su parte, busca ampliar el aprovechamiento del corredor y mejorar las condiciones que le permitan reducir costos y ganar competitividad.
El interés boliviano no comenzó con esta reunión. En septiembre, la Aduana de ese país respaldó un proyecto desarrollado con cooperación japonesa para fortalecer las capacidades estatales en transporte fluvial y avanzar hacia una plataforma en el Canal Tamengo. La iniciativa contempla una asociación público-privada y también incluye la necesidad de realizar trabajos de dragado para garantizar la navegación durante todo el año.
La Hidrovía, además, empieza a ser pensada dentro de una arquitectura regional más amplia. Su conexión con puertos del Atlántico y su articulación con corredores bioceánicos pueden convertirla en una pieza importante para unir mercados sudamericanos con los océanos. En ese mapa, infraestructura y logística dejan de ser cuestiones meramente técnicas y pasan a formar parte de la estrategia de desarrollo de cada país.
El desafío será transformar los acuerdos políticos en obras, reglas previsibles y mecanismos de coordinación que funcionen más allá de las reuniones presidenciales. En una región donde las fronteras económicas se cruzan constantemente con los ríos, los puertos y las rutas, la competencia y la cooperación conviven en el mismo cauce.
La reactivación de Urupabol abre así una nueva conversación sobre quiénes participan y cómo se administra uno de los corredores comerciales más importantes de Sudamérica. La Hidrovía no pertenece a una sola bandera: es una infraestructura compartida cuyo futuro dependerá, en buena medida, de que los países que viven de ella puedan encontrar reglas comunes antes de que los intereses nacionales terminen convirtiendo al río en otra frontera.