Sindicatos, organizaciones sociales, estudiantiles y de derechos humanos se reunirán este viernes en la Universidad Nacional del Comahue para organizar la Marcha de la Bronca del 19 de septiembre. La convocatoria forma parte de una articulación nacional que busca transformar el creciente malestar social en movilización contra las políticas de Javier Milei y reclama a las centrales sindicales abandonar la tregua y avanzar hacia un plan de lucha.
La bronca es una materia política difícil de medir.
No siempre aparece en las encuestas. A veces se esconde detrás de una tarjeta de crédito que ya se usa para comprar comida, de un alquiler que ocupa una porción cada vez mayor del sueldo, de una jubilación que obliga a elegir qué gasto postergar o de una familia que hace cuentas varias veces antes de que termine el mes.
Después, en algún momento, esa bronca sale de la casa.
En Neuquén, distintas organizaciones sindicales, sociales, políticas, estudiantiles y de derechos humanos buscarán este viernes 4 de septiembre comenzar a darle forma colectiva. La convocatoria será a las 17, en el Aula 105 del Edificio de Aulas Comunes de la Universidad Nacional del Comahue, con un objetivo concreto: organizar la participación provincial en la denominada Marcha de la Bronca, prevista para el próximo 19 de septiembre en distintos puntos del país.
La iniciativa nació de organizaciones y colectivos que comenzaron a articularse después de la movilización nacional del 6 de agosto y que ahora pretenden sostener una agenda de protesta contra el programa económico del gobierno de Javier Milei, las políticas provinciales que consideran asociadas a ese rumbo y los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional.
La discusión que proponen excede, sin embargo, una nueva fecha en el calendario de movilizaciones.
Busca responder una pregunta que atraviesa desde hace meses a la oposición social y política argentina: qué hacer con el descontento mientras todavía falta más de un año para las elecciones presidenciales de 2027.
La calle como estrategia
Uno de los impulsores neuquinos de la convocatoria es Andrés Blanco, referente del PTS-Frente de Izquierda y trabajador ceramista, quien plantea que la movilización del 6 de agosto demostró la capacidad de la protesta social para modificar decisiones del Gobierno nacional.
Según los convocantes, aquella marcha resultó determinante para frenar el proyecto original de ley de extranjerización impulsado por la administración de Milei. Desde esa experiencia intentan construir ahora una articulación más amplia y permanente.
“Si nos organizamos desde abajo y salimos a las calles tenemos la fuerza para derrotar la política de ajuste, saqueo y entrega”, sostuvo Blanco.
La propuesta del espacio consiste en conectar conflictos que habitualmente transcurren por carriles separados: reclamos salariales, jubilaciones, vivienda, ambiente, derechos humanos, demandas estudiantiles y conflictos territoriales.
En el lenguaje de la izquierda, se trata de “unificar por abajo lo que las burocracias dividen”. Traducido fuera de la jerga militante: conseguir que sectores afectados por problemas diferentes empiecen a reconocerse dentro de un mismo conflicto político.
No es sencillo.
Pero tampoco es una discusión nueva.
La disputa también es con el peronismo
La convocatoria contiene además una discusión hacia adentro de la oposición.
Blanco cuestionó explícitamente a los sectores del peronismo que concentran su estrategia en construir una alternativa electoral para 2027. Para el dirigente del PTS, esperar el próximo turno presidencial significa dejar sin respuesta problemas que ya afectan a trabajadores, jubilados y familias endeudadas.
El diagnóstico es conocido: pérdida de ingresos, dificultades para afrontar alimentos y alquileres, deterioro de las jubilaciones y cuestionamientos al modelo de explotación de los recursos naturales.
Donde aparecen las diferencias es en la estrategia.
Una parte importante de la oposición apuesta a que el desgaste del Gobierno nacional encuentre expresión en las urnas. La izquierda propone que la resistencia social modifique antes la correlación de fuerzas en las calles.
Son dos maneras diferentes de administrar el mismo tiempo político.
Neuquén y una tensión particular
En la provincia, la convocatoria incorpora además críticas al gobierno de Rolando Figueroa. Blanco equiparó determinadas políticas provinciales con el rumbo nacional y cuestionó particularmente la relación con las grandes compañías petroleras y el modelo extractivo.
La comparación forma parte de la lectura política del Frente de Izquierda, aunque las relaciones entre Neuquén y la Casa Rosada resultan más complejas que una simple continuidad: el gobierno provincial ha acompañado determinadas iniciativas nacionales y confrontado con otras, al tiempo que sostiene una agenda propia en materia de obra pública, administración de recursos y relación con Vaca Muerta.
Ese matiz no elimina el conflicto.
Lo ubica mejor.
Porque una de las discusiones centrales de Neuquén sigue siendo cómo conseguir que la extraordinaria riqueza energética del territorio se traduzca en mejores condiciones de vida para quienes lo habitan. En una provincia capaz de producir una parte creciente de la energía que necesita el país, vivienda, servicios, salarios y acceso a derechos continúan siendo debates concretos.
La paradoja neuquina está precisamente allí: crecer mucho no significa necesariamente crecer igual para todos.
El horizonte de una huelga general
Los organizadores de la Marcha de la Bronca plantean un objetivo que va más allá del 19 de septiembre.
Pretenden avanzar hacia una huelga general y reclaman a las principales centrales sindicales que abandonen lo que caracterizan como una tregua con el Gobierno y convoquen a un plan de lucha nacional.
La convocatoria de este viernes en la Universidad del Comahue será abierta. Están llamados a participar sindicatos, organizaciones sociales y políticas, agrupaciones estudiantiles y culturales, organismos de derechos humanos, feminismos y disidencias, pueblos originarios, colectivos socioambientales, organizaciones de jubilados y espacios barriales.
La amplitud de esa enumeración muestra también la dificultad del desafío.
Reunir sectores diferentes es relativamente sencillo para una fotografía.
Construir una agenda común es otra cosa.
La Argentina atraviesa un período en el que la estabilización de algunas variables macroeconómicas convive con fuertes tensiones sociales y una discusión todavía abierta sobre quiénes asumieron los mayores costos del ajuste. Milei conserva poder político y una identidad propia muy consolidada, pero también enfrenta resistencias que buscan encontrar una forma capaz de superar la fragmentación.
En Neuquén, una parte de esas organizaciones comenzará a discutirla este viernes.
Primero será una reunión en un aula universitaria.
Después, si consiguen transformar el malestar en organización, llegará la calle.
Porque la bronca puede quedarse en bronca.
La política comienza cuando alguien intenta convertirla en otra cosa.