El miedo también entró al aula

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Las amenazas de tiroteos en escuelas argentinas dejaron de ser mensajes aislados para transformarse en una preocupación nacional. En las últimas semanas, varios colegios emblemáticos quedaron alcanzados por esa ola de intimidaciones que ya alteró la rutina escolar en distintas ciudades del país.

Durante años, la escuela fue pensada como un refugio.

Un lugar para aprender.

Para crecer.

En los últimos días, para muchas familias empezó a ser también un lugar de angustia.

Las amenazas de tiroteos en colegios de distintas provincias alteraron la rutina escolar y encendieron una alarma que ya no parece episódica.

Mensajes anónimos en redes sociales, escritos en baños y cadenas de WhatsApp instalaron una sensación inquietante.

La de no saber si una jornada común puede convertirse en otra cosa.

Entre los establecimientos mencionados aparecen el Carlos Pellegrini, el Nacional Buenos Aires, el Mariano Acosta y otros colegios públicos y privados de la Ciudad de Buenos Aires, además de instituciones en Córdoba, Mendoza y Santa Fe.

En varios casos se activaron protocolos preventivos.

En otros, directamente se suspendieron clases por algunas horas.

La preocupación ya no se limita a un solo distrito.

Empieza a repetirse en distintos puntos del país.

En varias jurisdicciones ya hubo adolescentes identificados por difundir mensajes falsos.

Y algunas fiscalías comenzaron a investigar si existe un patrón común detrás de publicaciones que se multiplican con rapidez en plataformas digitales.

Pero el daño no siempre se mide en expedientes.

Muchas veces queda en otro lugar.

En estudiantes que miran distinto.

En padres que dudan antes de dejar a sus hijos en la puerta del colegio.

Y en docentes que ahora también deben contener un miedo para el que nadie fue formado.

Lo que preocupa no es solo la amenaza.

Es la naturalidad con la que empieza a circular.

Como si incluso la escuela, uno de los pocos espacios que todavía conservaban cierta idea de resguardo, hubiera comenzado a reflejar la tensión de una sociedad más frágil.

Cuando el miedo logra entrar a un aula, ya no se trata solamente de un mensaje.

Se trata de todo lo que ese mensaje deja después.