El gasto militar global alcanzó en 2025 su nivel más alto desde que existen registros. En medio de guerras abiertas y tensiones crecientes, los gobiernos vuelven a destinar más recursos a la defensa mientras otras urgencias sociales quedan cada vez más relegadas.
El planeta volvió a gastar más en prepararse para la guerra que en cualquier otro momento reciente.
Durante 2025, la inversión militar mundial creció por undécimo año consecutivo hasta rozar los 2,9 billones de dólares, una cifra que refleja cómo la inseguridad internacional empezó a moldear también la economía de los Estados.
Detrás del aumento aparecen conflictos que ya dejaron de ser regionales para transformarse en factores de reorganización global.
La guerra en Ucrania, la inestabilidad en Medio Oriente y la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China empujaron a numerosos países a reforzar presupuestos militares incluso en contextos de fragilidad económica interna.
Europa fue una de las regiones donde más se aceleró esa tendencia.
Muchos gobiernos incrementaron de manera fuerte sus partidas de defensa ante la percepción de que el escenario internacional dejó de ofrecer garantías estables.
Lo que durante años fue presentado como un gasto excepcional empezó a consolidarse como una nueva normalidad política.
Estados Unidos sigue siendo el país que más invierte en defensa, aunque otras potencias también profundizaron su carrera armamentística.
China mantuvo su expansión militar sostenida, mientras Rusia continuó volcando enormes recursos a un conflicto que ya redefinió el equilibrio geopolítico del continente europeo.
El problema no es solamente estratégico.
Cada dólar destinado al armamento es también un dólar que no va a salud, educación o políticas sociales.
En un mundo atravesado por desigualdades crecientes, la militarización empieza a revelar una decisión política sobre qué temores se priorizan y qué necesidades se postergan.
La lógica de la seguridad se volvió dominante en muchas capitales.
Y bajo esa lógica, el miedo termina funcionando como una de las fuerzas económicas más poderosas del presente.
Mientras los arsenales crecen, también crece una pregunta incómoda.
Cuánto puede sostener una sociedad el costo de prepararse para la guerra sin empezar a vaciar, lentamente, aquello mismo que dice querer proteger.