El transporte público aumentó hasta un 2700% durante el gobierno de Milei y cayó la cantidad de pasajeros

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Los boletos de tren, subte y colectivo subieron muy por encima de la inflación y los salarios desde diciembre de 2023. En paralelo, el uso de los principales medios de transporte del AMBA retrocedió cerca de un 20%, en un escenario marcado por la pérdida de poder adquisitivo y el recorte de subsidios.

Moverse por el Área Metropolitana de Buenos Aires se convirtió en un gasto cada vez más difícil de sostener para miles de trabajadores, estudiantes y familias. Desde la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada, las tarifas de los principales medios de transporte acumularon aumentos que superaron ampliamente tanto la inflación como la evolución de los salarios, mientras la cantidad de viajes registró una caída significativa.

Los datos del Instituto Argentina Grande muestran la dimensión del cambio: desde diciembre de 2023, el boleto de tren aumentó un 2741%, el subte un 1926% y los colectivos un 1302%. En el mismo período, los salarios privados registrados subieron un 327% y la inflación acumulada llegó al 336%. La diferencia entre esos indicadores refleja el deterioro de la capacidad de los ingresos para cubrir los gastos cotidianos.

El impacto también se observa en el uso del transporte público. Entre enero y agosto de 2026, en comparación con el mismo período de 2023, los viajes en colectivo cayeron un 21%, los de tren un 20% y los de subte un 19%. La reducción plantea un interrogante que va más allá de las tarifas: cuánto puede restringirse la movilidad cotidiana cuando trasladarse para trabajar, estudiar o realizar trámites absorbe una porción cada vez mayor del presupuesto familiar.

Detrás de estos aumentos aparece un cambio en la política de subsidios impulsado por el Gobierno nacional. La reestructuración de la asistencia estatal trasladó una mayor parte del costo de los servicios a los usuarios. En el transporte, además, la eliminación del Fondo Compensador del Interior redujo los recursos nacionales destinados a sostener los sistemas de colectivos de las provincias y profundizó las diferencias entre regiones.

La discusión sobre el transporte se vincula así con una transformación más amplia del gasto de los hogares. A las tarifas de los boletos se sumaron los aumentos de la electricidad, el gas y el agua, servicios esenciales que también presionaron sobre los ingresos. En el último año considerado por el informe, la luz para un hogar de ingresos medios subió un 86%, el agua un 54% y el gas un 51%, frente a una inflación del 39% y un incremento del 37% en los salarios privados registrados.

La combinación de tarifas más altas y remuneraciones rezagadas obliga a las familias a reorganizar sus gastos. Para algunos usuarios, eso implica reducir salidas y viajes no indispensables; para otros, significa modificar recorridos, combinar menos medios de transporte o destinar una parte mayor del sueldo a llegar al trabajo. La caída de pasajeros no permite atribuir cada caso a una única causa, pero sí expone una tendencia que coincide con el encarecimiento de los traslados.

El deterioro de los ingresos disponibles tampoco se limita al transporte. Según estimaciones de la consultora Equilibra, el ingreso disponible registrado se ubicó en junio de 2026 un 16,9% por debajo del promedio de enero a septiembre de 2023. Dentro de ese panorama, los salarios del sector privado mostraron una caída mensual del 1,4% y una baja interanual del 6,6%. Los ingresos de los trabajadores públicos y de los jubilados también permanecieron por debajo de sus niveles de un año atrás, pese a algunas mejoras mensuales.

A la pérdida de poder adquisitivo se suma la situación del mercado laboral. Los datos oficiales citados en el relevamiento registraron la destrucción de más de 370.000 puestos de trabajo durante la gestión, con un impacto marcado en el empleo privado. La menor estabilidad laboral vuelve más difícil absorber gastos que, como el transporte, no siempre pueden evitarse y forman parte de la rutina de quienes necesitan desplazarse para generar ingresos.

El aumento de los servicios también coincide con un crecimiento de los atrasos en los pagos. Entre mayo de 2025 y julio de 2026, la cantidad de personas morosas aumentó un 72,7%, mientras los costos de la electricidad, el agua y el gas avanzaron por encima de los salarios y de la inflación del período. El fenómeno refleja la presión acumulada de los gastos fijos sobre presupuestos que cuentan con menos margen para afrontar imprevistos.

La discusión política sobre el DNU 70/2023 vuelve a poner en primer plano las consecuencias de las medidas de desregulación y del cambio en el esquema de subsidios. El debate no se limita al equilibrio fiscal: también involucra el modo en que se distribuyen los costos de los servicios públicos y las posibilidades reales de acceso de la población.

En el transporte, las cifras muestran una brecha persistente entre el crecimiento de las tarifas y el de los ingresos. El tren, el subte y el colectivo siguen siendo piezas centrales de la vida económica del AMBA, porque conectan hogares con empleos, escuelas, hospitales y centros comerciales. Cuando sus precios avanzan mucho más rápido que los salarios, el costo no se mide únicamente en pesos: también se expresa en menos viajes y en una movilidad cotidiana cada vez más condicionada por la capacidad de pago.