Con playas de aguas cristalinas y paisajes que atraen a miles de turistas cada año, el archipiélago de Fiyi atraviesa una silenciosa crisis sanitaria. En la última década, los casos de VIH se multiplicaron por diez y el país pasó a registrar una de las epidemias de más rápido crecimiento en la región del Pacífico, impulsada inicialmente por el consumo de metanfetamina inyectable y luego extendida al resto de la población.
Las autoridades sanitarias informaron que el fuerte incremento de contagios comenzó entre personas usuarias de drogas inyectables, especialmente metanfetamina. La falta de programas de reducción de daños, como el acceso a jeringas seguras y servicios de prevención, favoreció la rápida propagación del virus hacia otros sectores de la sociedad.
Especialistas advierten que el crecimiento de la epidemia también está relacionado con el estigma social, las dificultades para acceder al diagnóstico temprano y las limitaciones del sistema sanitario para brindar tratamiento y seguimiento a todas las personas afectadas. Estas condiciones retrasan la detección de nuevos casos y aumentan el riesgo de transmisión.
Ante la magnitud del problema, el Gobierno de Fiyi puso en marcha un plan de respuesta de emergencia con el apoyo de organismos internacionales. Entre las medidas previstas se encuentran el fortalecimiento de los programas de prevención, la ampliación del acceso a tratamientos antirretrovirales y campañas destinadas a reducir la discriminación hacia las personas que viven con VIH.
El caso de Fiyi refleja cómo una combinación de factores sociales, sanitarios y económicos puede acelerar la expansión de una enfermedad que hoy cuenta con tratamientos eficaces. Los especialistas insisten en que reforzar la prevención, garantizar el acceso a la atención médica y combatir el estigma siguen siendo las herramientas más importantes para frenar el avance del virus.