Jensen Huang, CEO de Nvidia, sostuvo que la expansión de la inteligencia artificial no solo generará oportunidades para programadores e ingenieros. La construcción de centros de datos, plantas de semiconductores y sistemas de energía podría aumentar la demanda de electricistas, plomeros, albañiles y trabajadores especializados.
La expansión de la inteligencia artificial está modificando las expectativas sobre el mercado laboral y, según Jensen Huang, CEO de Nvidia, algunos de los grandes beneficiados podrían encontrarse lejos de las oficinas tecnológicas. El ejecutivo señaló que los oficios tradicionales vinculados con la construcción y el mantenimiento de infraestructura tendrán un papel cada vez más importante en la economía que se está formando alrededor de la IA.
La explicación está en algo tan concreto como la infraestructura. Los modelos de inteligencia artificial necesitan enormes centros de datos, redes eléctricas, sistemas de refrigeración y nuevas instalaciones industriales. También se requieren plantas capaces de producir semiconductores y equipamiento especializado. Detrás de cada servidor hay una estructura física que alguien tiene que construir, instalar y mantener.
Huang planteó que las inversiones destinadas a esa infraestructura podrían alcanzar los 7 billones de dólares hacia finales de la década. Una cifra de semejante magnitud implicaría una demanda importante de trabajadores con conocimientos técnicos, incluso en actividades que durante años quedaron fuera del imaginario asociado al futuro tecnológico.
Entre los oficios mencionados aparecen electricistas, plomeros, trabajadores de la construcción y especialistas de la industria siderúrgica. Según la proyección del empresario, en determinados mercados algunos de estos trabajadores podrían superar los 100.000 dólares anuales debido a la escasez de personal capacitado. Se trata de una estimación sobre el futuro laboral y no de una garantía salarial para quienes ejerzan esas profesiones.
La transformación también puede modificar una idea instalada durante las últimas décadas: que para acceder a los empleos mejor remunerados del futuro será indispensable atravesar una extensa formación universitaria. Huang planteó que la capacitación técnica y la experiencia práctica podrían adquirir un valor creciente a medida que aumente la necesidad de construir y mantener la infraestructura que sostiene a la IA.
El fenómeno ya aparece relacionado con una falta de trabajadores especializados. Un análisis de McKinsey citado por iProfesional estima que Estados Unidos podría necesitar hacia 2030 unos 130.000 electricistas adicionales, 240.000 trabajadores de la construcción y 150.000 supervisores para cubrir las obras previstas.
El contraste resulta llamativo. Mientras una parte del debate sobre inteligencia artificial está concentrada en el temor a que las máquinas automaticen tareas administrativas, programación y otros trabajos digitales, la construcción de la economía de la IA necesita una enorme cantidad de trabajo humano en el mundo físico.
También existe una dimensión energética. Los centros de datos requieren grandes cantidades de electricidad y sistemas de refrigeración cada vez más complejos. Expandir esa capacidad implica obras, instalaciones y mantenimiento permanente, lo que genera una cadena de empleos que comienza mucho antes de que un modelo de inteligencia artificial pueda ser utilizado por una persona.
La discusión no significa que los programadores o profesionales universitarios vayan a desaparecer. La propia industria tecnológica continúa demandando ingenieros y especialistas altamente capacitados. De hecho, los datos actuales sobre Nvidia muestran remuneraciones muy elevadas para determinados puestos de ingeniería de software y aprendizaje automático en Estados Unidos.
Lo que cambia es el mapa. La inteligencia artificial no existe solamente en una pantalla: necesita cables, edificios, energía, servidores, sistemas de refrigeración y máquinas. El futuro que imagina Huang, entonces, tiene una paradoja interesante. Cuanto más digital se vuelve la economía, más infraestructura física necesita para funcionar.
La tecnología puede automatizar tareas y transformar profesiones, pero también puede crear nuevas necesidades alrededor de ella. En ese escenario, aprender un oficio técnico podría convertirse en una vía laboral con mayor demanda, especialmente allí donde la velocidad de expansión de la infraestructura supere la cantidad de trabajadores disponibles.