Teherán aseguró que sus fuerzas atacaron un buque petrolero en una nueva escalada alrededor de una de las principales rutas marítimas del mundo. El episodio ocurre mientras Irán y Estados Unidos mantienen enfrentamientos y disputas por el control del estrecho de Ormuz.
Irán afirmó que sus fuerzas atacaron un petrolero en el estrecho de Ormuz, en medio de una escalada que volvió a poner bajo presión a una de las rutas marítimas más importantes para el comercio internacional de hidrocarburos. El episodio se suma a una serie de incidentes registrados durante las últimas semanas en la zona.
El estrecho se convirtió en uno de los principales escenarios de la confrontación entre Teherán y Washington. Por allí transitaba antes del conflicto aproximadamente una quinta parte de las exportaciones mundiales de petróleo y gas, por lo que cualquier interrupción de la navegación puede tener consecuencias que van mucho más allá de las costas iraníes.
Los enfrentamientos alrededor de Ormuz se intensificaron desde el comienzo de la guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel. En las últimas semanas se registraron ataques contra buques comerciales y petroleros, mientras Washington mantiene un cerco sobre los puertos iraníes y Teherán sostiene el bloqueo del estratégico paso marítimo.
La tensión también alcanzó a embarcaciones cuya participación directa en las operaciones militares no estaba confirmada. A comienzos de septiembre, Estados Unidos informó que había atacado tres petroleros iraníes cerca de la isla de Jarg y en el golfo de Omán. Según el Comando Central estadounidense, dos fueron inutilizados y otro destruido. Washington sostuvo que los barcos formaban parte de una red vinculada con la financiación de la Guardia Revolucionaria iraní.
Los incidentes generaron además preocupación entre las empresas dedicadas al transporte marítimo. A finales de agosto, un petrolero fue alcanzado por un proyectil de origen desconocido frente a las costas de Omán. El impacto dañó la sala de máquinas y dejó al buque fuera de servicio, aunque la tripulación resultó ilesa.
La navegación comercial quedó así atrapada en una disputa que combina intereses militares, energéticos y económicos. Cada nuevo ataque aumenta la incertidumbre para los barcos que atraviesan la zona y puede afectar los costos del transporte y de los seguros marítimos.
El conflicto también repercutió sobre el precio internacional del petróleo. Después de nuevos enfrentamientos a comienzos de septiembre, el barril de Brent volvió a superar los 90 dólares, en un mercado que sigue pendiente de cualquier señal relacionada con el tránsito por Ormuz.
Mientras tanto, Washington y Teherán mantienen posiciones enfrentadas. Estados Unidos sostiene su presión militar y económica sobre Irán, mientras el gobierno iraní utiliza el control del estrecho como una de sus principales herramientas de presión. Al mismo tiempo, el presidente iraní Masud Pezeshkian afirmó que continuar la guerra no beneficia a su país ni a la región y mencionó la posibilidad de buscar un acuerdo.
El estrecho de Ormuz vuelve a mostrar así cómo una vía marítima de apenas unas decenas de kilómetros puede convertirse en un punto central de una crisis internacional. Lo que ocurre allí no afecta solamente a los países involucrados en el conflicto: también puede repercutir sobre el suministro energético, el comercio y los precios que enfrentan economías de todo el mundo.