Impacto del GPNK: Valoración millonaria para Vaca Muerta y ahorro de importaciones

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A un año de su inauguración, el Gasoducto Presidente Néstor Kirchner no solo ahorró divisas, sino que también revalorizó los activos de las productoras de gas de Vaca Muerta, marcando un hito en la infraestructura energética de Argentina.

El Gasoducto Presidente Néstor Kirchner (GPNK) ha generado un cambio trascendental en el sector energético argentino, destacándose como el proyecto más importante en las últimas cuatro décadas. Agustín Gerez, ex presidente de ENARSA, en una charla con El Economista, subrayó que el GPNK no solo permitió la sustitución de importaciones y ahorro de divisas por más de US$ 3,600 millones en su primer año, sino que también revalorizó enormemente los activos de las productoras de gas de Vaca Muerta.

Gerez explicó que la infraestructura del gasoducto es fundamental para monetizar el gas, ya que sin un medio de transporte adecuado, el recurso no tiene valor comercial. El primer tramo del GPNK, que se extiende desde Tratayén en Neuquén hasta Salliqueló en Buenos Aires, requirió una inversión de US$ 2,200 millones y generó 48,800 puestos de trabajo directos e indirectos. Este desarrollo ha permitido una significativa reducción en el costo de generación de energía eléctrica, ahorrando más de US$ 10 por MWh al sustituir combustibles líquidos más caros y contaminantes como el gasoil y el fueloil.

La utilización del gas natural de Vaca Muerta, más económico que el gas importado de Bolivia o el GNL, ha llevado a una disminución en el costo de generación de energía y en el servicio de gas natural, beneficiando tanto a consumidores como a la industria. Gerez enfatizó el rol preponderante del Estado en este tipo de proyectos de infraestructura energética y subrayó que es crucial mantener este papel para el desarrollo continuo del sector.

No obstante, Gerez criticó el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI), calificándolo como insostenible y contraproducente para el desarrollo industrial y productivo del país. Señaló que el RIGI no favorece la cadena de valor local ni a los proveedores nacionales, lo que podría impactar negativamente en la generación de empleo y el aporte tecnológico a largo plazo. Según Gerez, aunque se necesita un régimen de incentivos, este debe estar alineado con el desarrollo industrial y la agregación de valor a los recursos naturales.

Desde agosto de 2023, Argentina ha mantenido un superávit en su balanza comercial energética, atribuido a la mayor oferta hidroeléctrica, el impacto del GPNK en la producción termoeléctrica y la recesión económica que redujo la demanda interna. En los primeros cinco meses de 2024, el superávit alcanzó US$ 2,917 millones, reflejando un aumento en las exportaciones y una disminución en las importaciones de energía.

Gerez concluyó con una visión crítica sobre la política energética actual, argumentando que está enfocada en la rentabilidad a corto plazo en detrimento de precios de energía más competitivos que podrían impulsar un desarrollo industrial genuino y beneficioso tanto para el mercado interno como para la exportación.