Keiko Fujimori asumió este martes la presidencia de Perú para el período 2026-2031 y anunció un giro en la política de seguridad del país. Durante su discurso de investidura, adelantó que las Fuerzas Armadas tendrán un rol protagónico en el combate contra el crimen organizado y podrán asumir temporalmente el liderazgo de las operaciones de seguridad durante los estados de emergencia, en coordinación con la Policía Nacional.
La flamante mandataria, que se convirtió en la primera mujer elegida por voto popular para gobernar Perú, afirmó que la inseguridad será una de las principales prioridades de su gestión. Según explicó, la decisión busca recuperar el control de los territorios más afectados por el narcotráfico, las extorsiones y otras organizaciones criminales que se fortalecieron en los últimos años.
El anuncio representa uno de los cambios más significativos de su programa de gobierno. Fujimori sostuvo que las Fuerzas Armadas asumirán el liderazgo operativo mientras duren los estados de emergencia y que, una vez restablecido el orden, la responsabilidad volverá a la Policía Nacional. La medida requerirá delegaciones especiales de facultades por parte del Congreso.
La ceremonia de asunción estuvo marcada por un fuerte clima de polarización. Mientras legisladores y dirigentes afines al fujimorismo celebraron el regreso de ese espacio al poder después de 26 años, representantes de la izquierda abandonaron el recinto en señal de protesta antes del inicio del discurso presidencial. En las calles de Lima también se registraron movilizaciones de sectores que rechazan el retorno del fujimorismo al gobierno.
Además de las medidas de seguridad, la nueva presidenta prometió impulsar políticas para fortalecer la economía, atender las consecuencias del fenómeno de El Niño y mejorar la asistencia a las zonas rurales. Sin embargo, reconoció que su administración comenzará en un escenario complejo, marcado por la fragmentación política y una prolongada inestabilidad institucional que llevó a Perú a tener nueve presidentes en apenas diez años.
El inicio de la gestión de Fujimori abre una nueva etapa para la política peruana. Con una agenda centrada en la seguridad y el orden interno, el desafío de su gobierno será responder a una de las principales demandas de la población sin profundizar la polarización política que atraviesa al país.