El gobernador bonaerense encabezará la audiencia ante la Corte Suprema por el recorte de fondos nacionales a la provincia. Lo que comenzó como una discusión presupuestaria hoy expone una disputa más profunda sobre el vínculo entre la Casa Rosada y el federalismo argentino.
Axel Kicillof volverá a sentarse frente al máximo tribunal del país.
Esta vez no para una foto institucional.
Sino para sostener un reclamo que ya se convirtió en uno de los conflictos más visibles entre la provincia de Buenos Aires y el gobierno de Javier Milei.
El gobernador encabezará la audiencia convocada en la Corte Suprema por la interrupción de transferencias nacionales que la administración bonaerense considera esenciales para el funcionamiento de su sistema previsional y otras áreas sensibles del Estado provincial.
En La Plata sostienen que la deuda acumulada ya supera los dos billones de pesos.
Y que el recorte no fue solamente una decisión fiscal.
También fue una señal política.
Desde que asumió, Milei construyó buena parte de su relación con los gobernadores sobre una lógica de confrontación permanente.
La provincia más grande del país quedó en el centro de esa estrategia.
No solo por su peso económico.
También por representar el principal territorio opositor al proyecto libertario.
Para el gobierno bonaerense, el reclamo judicial busca recuperar recursos.
Pero también dejar planteado un límite institucional.
La discusión no gira únicamente en torno al dinero.
Lo que empieza a discutirse es hasta qué punto una administración nacional puede redefinir unilateralmente el equilibrio financiero entre Nación y provincias.
La audiencia tiene además una carga política inevitable.
Kicillof no delegará la representación en sus funcionarios.
Decidió estar presente.
Y ese gesto busca mostrar que la disputa ya no se libra solamente en expedientes técnicos.
También se juega en el terreno simbólico.
En un país donde la tensión entre centralismo y autonomía provincial nunca terminó de resolverse, cada recorte abre una discusión más antigua que el conflicto actual.
Quién administra.
Quién decide.
Y quién paga el costo cuando el ajuste baja desde arriba.
La Corte todavía no dará una definición inmediata.
Pero la escena ya tiene peso propio.
Porque cuando una discusión presupuestaria termina en el Palacio de Tribunales, muchas veces lo que está en juego no son solo fondos.
Es la forma en que un país decide repartirse el poder.