El IPC aumentó 2,1% en julio, por encima del 1,9% de junio, y acumula 19,3% en los primeros siete meses del año y 33,8% interanual. El Gobierno de Javier Milei puede exhibir una desaceleración enorme frente a los niveles que heredó, pero aparece una dificultad nueva: después del ajuste, la recesión y el ancla fiscal, perforar de manera sostenida el 2% mensual sigue siendo una frontera esquiva.
La inflación argentina ya no corre como corría.
El problema es que tampoco termina de caminar.
Después de años en los que mirar el índice de precios se parecía bastante a contemplar un velocímetro roto, el gobierno de Javier Milei consiguió una reducción indiscutible de la velocidad inflacionaria. Pero la fotografía de julio introduce un matiz incómodo en uno de los principales éxitos que reivindica la Casa Rosada: el Índice de Precios al Consumidor volvió a acelerarse y marcó 2,1%, dos décimas por encima del 1,9% registrado en junio.
En siete meses, los precios acumulan una suba del 19,3%. Y en la comparación contra julio del año pasado, el incremento llega al 33,8%, frente al 33,5% interanual que había registrado junio.
No estamos ante un regreso a las tasas explosivas del pasado reciente.
Pero tampoco ante la extinción del problema.
Y esa diferencia importa.
La batalla que Milei todavía no terminó
La reducción de la inflación constituye probablemente el argumento económico más potente del oficialismo.
Negarlo sería confundir una mirada crítica con la negación de los datos. Milei recibió una economía con una inflación anual superior al 200% y consiguió reducir drásticamente ese ritmo. El punto es que el proceso de desinflación comenzó a mostrar dificultades para avanzar al mismo ritmo y el 2% mensual se transformó en una suerte de frontera recurrente.
El problema matemático tampoco es menor.
Una inflación del 2% mensual puede sonar pequeña para una sociedad que llegó a acostumbrarse a registros de dos dígitos en apenas treinta días. Pero sostenida durante doce meses equivale aproximadamente a un 27% anual.
La memoria argentina tiene esas trampas: después de sobrevivir al incendio, uno puede empezar a considerar confortable una habitación llena de humo.
El objetivo, sin embargo, debería seguir siendo respirar.
Vacaciones más caras y alimentos que no dan tregua
Julio tuvo además sus particularidades.
El rubro que encabezó los aumentos fue Recreación y cultura, con 5%, impulsado especialmente por los paquetes turísticos durante las vacaciones de invierno. Le siguieron Restaurantes y hoteles, con 2,8%; Salud, con 2,5%; Comunicación, con 2,4%; y Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, con 2,2%. En sentido contrario, Prendas de vestir y calzado registró una caída del 1,3%.
Pero para millones de familias la inflación tiene menos que ver con un paquete turístico que con lo que ocurre frente a la góndola.
Alimentos y bebidas no alcohólicas aumentaron 2% en julio y acumulan 20,2% desde diciembre. Dentro del rubro hubo diferencias considerables: verduras, tubérculos y legumbres aumentaron 8,3%, mientras carnes y derivados avanzaron 0,7% y las frutas bajaron 0,2%.
Ahí aparece una de las dificultades de cualquier promedio.
Nadie compra el IPC.
Cada familia compra su propia canasta.
Por eso dos hogares pueden experimentar inflaciones bastante diferentes aun viviendo bajo el mismo índice oficial.
La Patagonia quedó apenas debajo
Para Neuquén y el resto de la región hay un dato adicional: la inflación patagónica fue del 2% en julio, una décima por debajo del promedio nacional.
Sin embargo, los servicios aumentaron 2,9% en la región, frente al 1,7% de los bienes. La diferencia se vuelve mucho más pronunciada al mirar los últimos doce meses: los servicios acumulan 43,5% y los bienes, 27,2%.
Ese desacople ayuda a comprender parte de la sensación cotidiana de que determinados gastos continúan corriendo bastante más rápido que el índice general.
La inflación puede desacelerarse y, al mismo tiempo, una factura, un alquiler o un servicio pesar cada vez más dentro del presupuesto familiar.
Las dos cosas pueden ser ciertas.
El núcleo también dejó una advertencia
Hay otro número menos vistoso pero particularmente relevante.
La llamada inflación núcleo, que intenta observar el movimiento de los precios quitando factores estacionales y regulados, fue del 1,8%. Sigue debajo del índice general, aunque aceleró respecto del 1,4% de junio. Los productos estacionales subieron 4,5% y los regulados, 2,1%.
Además, los regulados acumulan un aumento del 25,7% durante 2026, bastante por encima del 17,6% registrado por la inflación núcleo.
Son números que obligan a mirar el proceso con algo más de paciencia que la que permiten los festejos o las catástrofes de las redes sociales.
Bajar la inflación no alcanza si no mejora la vida
El desafío que comienza a enfrentar el Gobierno es político además de económico.
Durante los primeros años de Milei, buena parte de la legitimidad del ajuste descansó en una promesa bastante explícita: soportar el costo presente para conseguir estabilidad futura.
La inflación efectivamente bajó.
Ahora empieza la segunda parte de aquel contrato.
Porque una sociedad no vive solamente de estabilidad macroeconómica. Necesita salarios capaces de comprar, empleo formal, jubilaciones suficientes, servicios públicos sostenibles y alguna expectativa de progreso que alcance más allá de las planillas del Ministerio de Economía.
El dato de julio no demuestra que el programa antiinflacionario haya fracasado. Sería una conclusión excesiva para una variación de dos décimas. Sí demuestra algo menos espectacular y probablemente más importante: la etapa fácil de la desinflación parece haber quedado atrás. Analistas consultados por Reuters describen justamente un proceso que continúa, pero avanza lentamente.
Milei consiguió bajar la inflación desde niveles extraordinarios.
Ahora tiene delante una tarea posiblemente más difícil: convertir esa desaceleración en estabilidad duradera y conseguir que llegue a los bolsillos.
Porque después de tantos años contando porcentajes, los argentinos aprendimos una lección bastante sencilla.
La inflación verdaderamente baja no es aquella que necesita ser explicada todos los meses.
Es aquella de la que finalmente podemos dejar de hablar.