La moda de la proteína gana terreno, pero expertos ponen en duda algunos de sus beneficios

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La proteína se convirtió en uno de los principales argumentos de venta de la industria alimentaria. Cada vez más productos incorporan este nutriente a sus fórmulas y destacan su presencia en los envases, impulsando una tendencia que va mucho más allá de la alimentación deportiva. Sin embargo, un reciente metaanálisis y distintas investigaciones advierten que muchos de los beneficios atribuidos a la proteína podrían estar sobredimensionados y que la mayoría de los productos enriquecidos no son necesariamente saludables.

Durante los últimos años, la oferta de alimentos con alto contenido proteico creció de manera sostenida. Ya no se trata únicamente de carnes, pescados o lácteos: hoy existen panes, harinas, yogures, snacks, bebidas, chocolatinas e incluso aguas enriquecidas con proteínas. La estrategia comercial aprovechó el auge del entrenamiento físico, la popularidad de los medicamentos para bajar de peso y la creciente preocupación por la alimentación.

Sin embargo, un metaanálisis que reunió más de 350 investigaciones planteó que reducir moderadamente el consumo de proteínas podría tener efectos positivos sobre el metabolismo y el envejecimiento celular. Aunque la mayor parte de los estudios se realizó en animales y los propios autores reconocen que aún falta evidencia en humanos, el trabajo abrió un nuevo debate sobre la cantidad ideal de proteínas que debería consumir una persona.

Los especialistas remarcan que el objetivo no debe ser consumir la mayor cantidad posible, sino mantener un aporte adecuado según la edad, el nivel de actividad física y el estado de salud. Las recomendaciones internacionales establecen como referencia unos 0,8 gramos diarios de proteína por kilo de peso para un adulto sedentario, una cifra que en muchos países ya se supera ampliamente.

A esa discusión se suma otro aspecto: la calidad de los alimentos que promocionan su contenido proteico. Un estudio realizado por investigadores de la Universidad Miguel Hernández analizó más de 4.300 productos y concluyó que nueve de cada diez alimentos que destacan ser «ricos en proteínas» no pueden considerarse saludables. En la mayoría de los casos, el problema no es la proteína en sí, sino el elevado contenido de sal, azúcar, grasas o aditivos presentes en esos productos.

Los investigadores compararon además esos alimentos con otros que no utilizan reclamos proteicos y observaron que, aunque también existe una alta proporción de productos poco saludables, el porcentaje era considerablemente menor. Esto sugiere que el marketing nutricional puede llevar a muchos consumidores a asociar automáticamente la palabra «proteína» con una alimentación sana, cuando en realidad el perfil nutricional del producto puede ser poco recomendable.

Los expertos coinciden en que la proteína sigue siendo un nutriente esencial para el funcionamiento del organismo, pero advierten que no existe evidencia suficiente para justificar un consumo excesivo en personas sanas. En ese sentido, recomiendan priorizar alimentos frescos y fuentes naturales de proteína antes que productos ultraprocesados que utilizan este nutriente como estrategia comercial.