El Centro de Convenciones Domuyo fue escenario de una jornada que combinó bodegas, gastronomía, música y cultura. El encuentro también sirvió para reconocer a referentes de la vitivinicultura y reforzar el lugar del Pinot Noir como uno de los símbolos productivos de Neuquén.
Hay productos que terminan contando una parte de la historia de un territorio. En Neuquén, el vino empieza a ocupar ese lugar con una fuerza cada vez más visible.
Más de 2.000 personas participaron este sábado de una nueva edición de La Noche del Pinot, que convirtió al Centro de Convenciones Domuyo en un punto de encuentro para bodegas, gastronomía, música y cultura neuquina. Residentes y visitantes recorrieron los stands, conocieron etiquetas producidas en la provincia y participaron de una propuesta vinculada con el enoturismo.
El protagonista de la noche fue el Pinot Noir, una variedad que la provincia busca consolidar como parte de su identidad productiva.
La celebración no se limitó a la degustación de vinos. La propuesta buscó reunir distintas expresiones alrededor de la producción vitivinícola: gastronomía, música, reconocimientos y experiencias vinculadas con el turismo del vino.
La ministra de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales, Leticia Esteves, encabezó la apertura y destacó el crecimiento de la actividad vitivinícola y su articulación con el turismo y la gastronomía. La idea planteada durante el encuentro fue fortalecer esa relación como parte de una estrategia para profundizar la identidad productiva neuquina.
Uno de los momentos centrales de la jornada fue la entrega de las primeras distinciones “Embajador del Vino Neuquino”.
La nueva categoría busca reconocer a personas que, a partir de su trayectoria, conocimiento y compromiso, contribuyen a difundir el patrimonio vitivinícola provincial.
En esta primera edición fueron distinguidas Daniela Hernández y Ana Belén Grisoni Menéndez, reconocidas por su trayectoria vinculada con la formación, promoción, comercialización y difusión de los vinos neuquinos.
También hubo espacio para reconocer a quienes trabajan sobre otra parte de la identidad gastronómica provincial.
El Sello de Distinción de la Gastronomía Neuquina fue otorgado a Finca Dulce Morena Casa de Té, de Centenario, por una propuesta basada en producción artesanal y materias primas de su propia chacra, y al Restó de la Bodega Cutral, por incorporar productos neuquinos y maridajes con vinos elaborados en la provincia.
A esa lista se sumó el chef Mauricio Emanuel Cusinier Crespo, distinguido como Embajador de la Gastronomía Neuquina por su trabajo de revalorización de la cocina regional y el uso de materias primas neuquinas.
La escena tuvo además una combinación particular: vino y tango.
Durante la noche se presentó un anticipo de la 17ª edición de Neuquén es Tango, con la compañía VAS, dirigida por Laura Sidera, junto a Martín Victoria y los bailarines Rodrigo Molo y Ayelén Cepeda. La propuesta cruzó dos expresiones culturales argentinas que, aunque pertenecen a mundos diferentes, encontraron un punto de encuentro sobre el escenario.
Después llegó la música.
Los DJ Martina Colombero, Juli Valenzuela y Gaby Domingues acompañaron el cierre, que también contó con la presentación en vivo de Los Cachorros.
Así, la noche terminó alejándose de cualquier idea de una celebración exclusivamente vinculada con el sector vitivinícola. Hubo producción, pero también encuentro; hubo vino, pero también gastronomía, música y cultura.
Y quizás allí esté una de las claves de la apuesta.
El turismo no se construye solamente alrededor de un paisaje. También puede construirse alrededor de aquello que una región produce y de las historias que logra contar a través de esos productos.
En ese sentido, el vino puede convertirse en una puerta de entrada a Neuquén.
La visita a una bodega, una copa, un plato elaborado con productos locales y el conocimiento sobre cómo se produce una etiqueta pueden formar parte de una experiencia turística que conecta territorio, trabajo e identidad.
La Noche del Pinot llegó, además, como cierre de una semana dedicada a fortalecer el posicionamiento de la vitivinicultura neuquina.
Las actividades habían comenzado con el Foro del Pinot Neuquino, que reunió a productores, bodegas, especialistas y referentes del sector para analizar los desafíos y las oportunidades de esta cepa en la provincia.
En ese mismo marco, el Poder Ejecutivo provincial envió a la Legislatura un proyecto para declarar al Pinot Noir como cepa emblemática de Neuquén.
La iniciativa busca reconocer su importancia productiva, turística y cultural y reforzar el posicionamiento de la provincia dentro de la actividad vitivinícola nacional.
El dato de las más de 2.000 personas muestra, además, que la propuesta consiguió reunir a un público amplio alrededor de una actividad productiva que durante años fue construyendo su propio lugar en la identidad neuquina.
La celebración terminó siendo una especie de fotografía de ese proceso.
Bodegas.
Gastronomía.
Productores.
Artistas.
Turismo.
Y una provincia que busca que sus productos también cuenten quién es.
El Pinot Noir fue el centro de la noche, pero detrás de cada copa apareció algo más grande: la intención de convertir una producción en patrimonio y, al mismo tiempo, en una herramienta para atraer visitantes y generar nuevas experiencias alrededor de Neuquén.
Porque un vino puede ser mucho más que una bebida.
Puede llevar consigo un paisaje, una forma de producir, una historia y un territorio.
Y en La Noche del Pinot, más de 2.000 personas se reunieron precisamente alrededor de esa idea.