La pobreza vuelve a poner en discusión la reelección de Milei: una medición alternativa la ubica cerca del 45%

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El INDEC informó que el 32,3% de la población estaba bajo la línea de pobreza durante el primer semestre de 2026. Sin embargo, una estimación de la consultora Equilibra, que ajusta los ingresos declarados y actualiza los patrones de consumo, calcula que el indicador se aproxima al 45%. La evolución de los ingresos y el costo de las canastas básicas vuelve a colocar la situación social en el centro del escenario electoral de 2027.

La situación económica de los hogares comienza a convertirse en uno de los principales interrogantes para el futuro político de Javier Milei. A menos de un año de las elecciones presidenciales de 2027, las cifras de pobreza muestran un panorama más complejo que el que refleja el indicador oficial y reabren una discusión central: cuánto pesa la recuperación macroeconómica cuando una parte importante de la población todavía tiene dificultades para cubrir sus necesidades básicas.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), el 32,3% de las personas se encontraba bajo la línea de pobreza durante el primer semestre de 2026. El registro representó un aumento de 4,1 puntos porcentuales respecto del segundo semestre de 2025, cuando había alcanzado el 28,2%.

Pero una estimación alternativa elaborada por Equilibra ubica la pobreza cerca del 45%. La diferencia se explica por una metodología que corrige la posible subdeclaración de ingresos en las encuestas de hogares y utiliza patrones de consumo más actualizados para calcular cuánto necesita una familia para no ser considerada pobre.

La distancia entre ambas mediciones es significativa. Mientras el dato oficial muestra una reducción pronunciada de la pobreza durante los semestres anteriores y un nuevo deterioro en 2026, la serie alternativa registra una mejora mucho más limitada. Para esta última estimación, el indicador había llegado al 43,6% durante la segunda mitad de 2025 y luego subió alrededor de 1,4 puntos.

La discusión metodológica resulta importante porque la medición oficial compara los ingresos que declaran los hogares en la Encuesta Permanente de Hogares con el valor de la Canasta Básica Total. Si los recursos familiares no alcanzan para cubrirla, esas personas son contabilizadas como pobres. Equilibra introduce ajustes sobre los ingresos informados y utiliza una canasta construida a partir de los patrones de consumo de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares de 2017-2018.

No se trata de dos estadísticas idénticas ni de resultados que puedan intercambiarse sin considerar sus diferencias. El INDEC mantiene la medición oficial de referencia, mientras que el cálculo alternativo busca corregir limitaciones que, según sus autores, pueden subestimar la dimensión de las dificultades económicas. Ambas series, sin embargo, coinciden en un punto: la pobreza volvió a aumentar durante el primer semestre del año.

Detrás de esa evolución aparece una brecha entre el comportamiento de los precios y los ingresos. Durante los primeros seis meses de 2026, la Canasta Básica Alimentaria aumentó un 21,6% y la Canasta Básica Total un 19,8%, frente a una inflación general del 16,8%. Es decir, los productos y servicios necesarios para cubrir las necesidades esenciales avanzaron por encima del índice general de precios.

Los ingresos, en cambio, no lograron acompañar ese ritmo. Los datos relevados hasta el primer trimestre mostraron una caída real del 11,6% para los trabajadores cuentapropistas y del 4,5% para los asalariados registrados. Entre los trabajadores informales se observó una mejora del 3%, aunque insuficiente para compensar el deterioro de otros sectores. En conjunto, el ingreso per cápita familiar retrocedió un 4,5% real durante el semestre.

El impacto de estas cifras excede la discusión estadística. La evolución de los salarios, el empleo y el costo de los alimentos determina la capacidad de los hogares para sostener sus gastos cotidianos. Una desaceleración de la inflación puede representar un alivio, pero no necesariamente implica una recuperación del poder adquisitivo cuando los ingresos continúan perdiendo terreno frente a los bienes esenciales.

En ese contexto, la historia electoral argentina ofrece antecedentes relevantes, aunque no permite anticipar automáticamente el resultado de 2027. Desde el regreso de la democracia, Carlos Menem consiguió la reelección en 1995 y Cristina Fernández de Kirchner en 2011. En ambos casos, sus gobiernos llegaron a la competencia electoral después de períodos de recuperación económica y descenso de la pobreza respecto de momentos anteriores.

Mauricio Macri, en cambio, buscó un segundo mandato en 2019 en medio de una crisis económica y un deterioro de los indicadores sociales, pero perdió en primera vuelta frente a la fórmula encabezada por Alberto Fernández. Se trata de un antecedente que vuelve a aparecer en el debate sobre las condiciones económicas necesarias para sostener un proyecto de continuidad, aunque cada elección responde a circunstancias políticas y sociales particulares.

Para Milei, el desafío consiste en lograr que la estabilidad macroeconómica se traduzca en mejoras concretas para la población. La reducción de la inflación y el equilibrio fiscal constituyen los principales argumentos económicos del Gobierno, pero la evolución de los ingresos y el costo de vida plantea límites a la posibilidad de presentar esos resultados como una recuperación extendida.

La discusión sobre la pobreza también introduce una dimensión política: la percepción de la economía cotidiana puede no coincidir con los indicadores que el oficialismo utiliza para defender su programa. Si los hogares siguen enfrentando dificultades para llegar a fin de mes, la desaceleración de los precios puede perder parte de su impacto positivo en la evaluación de la gestión.

La reelección de 2027 todavía está lejos y el escenario puede modificarse durante los próximos meses. Pero los datos sociales dejan una advertencia para el Gobierno: la estabilidad económica no se mide únicamente en las cuentas públicas o en los índices financieros. También se define en la mesa familiar, en el salario que alcanza cada vez menos y en la posibilidad concreta de cubrir las necesidades básicas. Ese será uno de los terrenos centrales sobre los que se discutirá la continuidad del proyecto libertario.