La siesta puede revelar cómo envejece el cuerpo: cuándo es saludable y cuándo puede ser una señal de alerta

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Dormir una siesta corta puede mejorar la atención, el humor y la sensación de energía, pero en las personas mayores ciertos patrones de sueño diurno pueden ser una señal de que algo no funciona correctamente. Los especialistas advierten que las siestas largas o tomadas habitualmente durante la mañana pueden actuar como un indicador temprano de problemas de salud relacionados con el envejecimiento.

Con el paso de los años, el sueño cambia de forma natural. Las personas mayores suelen dormir menos tiempo durante la noche y tienen un descanso más fragmentado debido a una reducción del sueño profundo y a cambios en los ritmos circadianos, que hacen que muchas personas se duerman y despierten más temprano.

Esto no significa necesariamente que necesiten menos horas de sueño, sino que el organismo tiene más dificultades para mantener un descanso continuo. Como consecuencia, aumenta la necesidad de recuperar energía durante el día mediante una siesta.

Los especialistas destacan que una siesta breve, de entre 15 y 30 minutos, puede aportar beneficios: mejora la concentración, aumenta el estado de alerta, favorece el buen humor y puede ayudar a reducir el estrés y la tensión arterial.

Sin embargo, cuando las siestas se vuelven muy prolongadas, frecuentes o aparecen especialmente durante la mañana, pueden perder sus efectos positivos y transformarse en una señal de advertencia. Investigaciones recientes encontraron una asociación entre estos patrones de sueño diurno y un mayor riesgo de problemas de salud en adultos mayores.

Los expertos aclaran que la siesta no provoca enfermedades ni determina por sí sola el estado de salud de una persona. En muchos casos funciona como un biomarcador, es decir, una señal que puede indicar la presencia de otros factores como alteraciones del ritmo biológico, enfermedades cardiovasculares o procesos neurodegenerativos.

Algunos estudios también encontraron una relación entre el aumento excesivo de las siestas diurnas y un mayor riesgo de deterioro cognitivo. En particular, un incremento de la somnolencia durante el día puede aparecer como uno de los primeros cambios asociados a ciertas enfermedades neurológicas.

Por este motivo, los especialistas recomiendan que las consultas médicas de las personas mayores incluyan preguntas sobre la calidad del sueño, los horarios habituales y la duración de las siestas. Estos datos pueden ayudar a detectar cambios de salud antes de que aparezcan síntomas más evidentes.

Para mejorar el descanso durante el envejecimiento, los expertos aconsejan mantener rutinas estables: exponerse a la luz natural durante la mañana, realizar actividad física, conservar una vida social activa y reservar la siesta para momentos puntuales, preferentemente corta y alejada de la noche.

La clave no está en eliminar la siesta, sino en observar sus cambios. Una pausa breve puede ser beneficiosa; una necesidad creciente de dormir durante el día puede ser una señal que conviene revisar.