La crecida de los ríos Paraná y Uruguay obliga a serpientes, yacarés, tatúes y pequeños ciervos a buscar refugio en áreas pobladas de Corrientes y Misiones. Los equipos de rescate advierten sobre el aumento de los encuentros con animales desorientados y piden evitar cualquier intento de captura por cuenta propia.
El avance del agua está transformando el paisaje del Litoral y también alterando la vida de sus habitantes menos visibles. En Corrientes y Misiones, las inundaciones desplazaron a numerosos animales silvestres de sus refugios naturales y multiplicaron los rescates en costas urbanas, veredas y patios de viviendas. Serpientes, yacarés, tatúes, pequeños ciervos y distintas especies de aves aparecen en lugares donde habitualmente no se los encuentra, empujados por la corriente y la pérdida de terrenos secos.
El fenómeno está asociado a las crecidas de los ríos Paraná y Uruguay, en un contexto de condiciones vinculadas a El Niño. A medida que el agua ocupa islas, humedales y zonas bajas, la fauna busca tierra firme para sobrevivir. Lo que para las personas puede parecer una aparición inesperada representa, para los animales, una carrera por encontrar refugio y evitar quedar atrapados por la inundación.
Los equipos de conservación trabajan a diario para responder a los avisos de vecinos y coordinar rescates con fuerzas de seguridad, bomberos y municipios. La demanda aumentó especialmente en Corrientes, donde las zonas costeras se convirtieron en puntos frecuentes de encuentro entre la población y especies desplazadas por el agua.
Entre los animales que más aparecen se encuentran los tatúes mulita, los guazunchos, las serpientes y diversas aves. Las especies con patas cortas o movimientos más lentos enfrentan mayores dificultades para escapar cuando el agua avanza sobre sus territorios. Otros animales, aunque son buenos nadadores, pueden terminar arrastrados por corrientes intensas y llegar exhaustos a las costas.
Los yacarés también fueron vistos en áreas pobladas. Estos reptiles forman parte de los ecosistemas ribereños de la región, pero la inundación reduce los lugares disponibles para descansar y regular su temperatura. Su presencia cerca de viviendas o espacios de recreación exige precaución, sin perder de vista que no están allí por una búsqueda de contacto con las personas, sino porque el agua modificó su entorno.
En la ciudad de Corrientes, distintos operativos permitieron poner a resguardo guazunchos que llegaron a la costanera y un tatú mulita que alcanzó la costa tras nadar. También se rescataron serpientes y aves heridas. Los ejemplares que se encuentran en buenas condiciones pueden ser liberados en ambientes adecuados, mientras que los que presentan lesiones o agotamiento requieren atención veterinaria y un período de recuperación.
El Centro de Conservación Aguará, que interviene en numerosos casos, registró un aumento considerable en el ingreso de animales. Entre los ejemplares atendidos hay crías de comadreja que quedaron huérfanas y aves cuyos nidos resultaron afectados por las lluvias y el granizo. La emergencia muestra que el impacto de las inundaciones no se limita a las especies de gran tamaño: también alcanza a animales pequeños, con menor capacidad para desplazarse o encontrar refugio.
Uno de los episodios más preocupantes ocurrió cerca de Goya, donde un adolescente de 15 años fue mordido por una serpiente de cascabel mientras colaboraba con el traslado de ganado desde una zona insular afectada por la crecida. El joven debió ser internado y el caso volvió a poner en evidencia los riesgos que pueden surgir cuando las actividades cotidianas se desarrollan en terrenos inundados o modificados por el desplazamiento de fauna.
Las serpientes representan un peligro particular porque pueden permanecer ocultas entre la vegetación, los restos arrastrados por el agua o los rincones de una vivienda. Por eso, los especialistas insisten en evitar acercamientos y no intentar manipularlas, incluso cuando parecen inmóviles. La recomendación también alcanza a los yacarés y a cualquier otro animal silvestre que aparezca en espacios urbanos.
La conducta de los vecinos puede ser decisiva para evitar accidentes y proteger a los propios animales. Ante un avistamiento, se aconseja mantener distancia, no tocarlos, no alimentarlos y dar aviso a los equipos de rescate, la Policía o los bomberos. Si un ejemplar no representa un peligro inmediato, dejarle espacio puede permitir que se retire por sus propios medios sin exponerse a un nuevo episodio de estrés.
También se recomienda llevar a los perros con correa durante los paseos en zonas costeras. Los ataques de animales domésticos son una de las causas por las que la fauna silvestre llega a los centros de rehabilitación. Un animal que acaba de atravesar una corriente puede estar agotado y asustado; si se siente rodeado, podría reaccionar para defenderse o intentar escapar hacia el agua.
En Misiones, las autoridades ambientales y policiales también reportaron la aparición de animales desorientados por el desborde de ríos y arroyos. Las lluvias intensas y el granizo afectaron nidos y aumentaron la necesidad de rescatar pichones. Allí, los ejemplares recuperados son derivados a centros de conservación distribuidos en distintos sectores de la provincia, donde se evalúa su estado antes de decidir cómo continuar.
La emergencia deja una imagen clara de la relación entre las inundaciones y la biodiversidad: cuando el agua avanza, los límites entre los espacios humanos y los hábitats naturales se vuelven más frágiles. Las costas, los humedales y las islas no son territorios vacíos, sino ambientes que sostienen una enorme variedad de especies y que pueden cambiar drásticamente ante una crecida.
La prioridad es reducir los riesgos para la población sin convertir a los animales desplazados en enemigos. La fauna no eligió ingresar en los barrios: busca sobrevivir a una situación que también amenaza su vida. En ese escenario, la prevención, la intervención de personal capacitado y el respeto por los espacios naturales son esenciales para atravesar la emergencia sin sumar nuevas víctimas, humanas o silvestres.