Las subas en verduras, carnes y productos básicos durante la tercera semana de mayo encendieron nuevas alarmas sobre la inflación. Consultoras privadas ya advierten que el índice mensual podría terminar bastante por encima de lo esperado por el Gobierno.
La inflación volvió a encontrar un motor bastante sensible para millones de argentinos.
Los alimentos.
Y el impacto empezó a sentirse otra vez en las góndolas.
Durante la tercera semana de mayo se registró una fuerte aceleración en precios de productos básicos, especialmente verduras, carnes y algunos artículos de almacén, generando presión sobre el índice general de inflación del mes.
El dato preocupa porque llega después de varias semanas donde el Gobierno intentaba consolidar una desaceleración inflacionaria como principal argumento económico.
Pero los aumentos recientes empezaron a complicar ese escenario.
Las verduras encabezaron las subas con incrementos muy fuertes impulsados por la llegada de los primeros fríos intensos del año, que afectaron oferta y producción estacional. También hubo aumentos importantes en quesos, yerba, aceites y distintos productos de consumo cotidiano.
La carne, además, volvió a mostrar presión alcista.
Y eso tiene un peso especial dentro de la economía argentina.
Porque cualquier variación en carne impacta casi automáticamente sobre percepción social de inflación y sobre el índice general de precios debido a su fuerte presencia en la canasta básica.
Las consultoras privadas ya empezaron a corregir proyecciones para mayo.
Algunas estimaciones ubican la inflación mensual alrededor del 2,2%, bastante por encima de lo que esperaba inicialmente el oficialismo.
El problema no aparece solamente en supermercados.
También hubo aumentos en transporte, salud, educación y equipamiento del hogar, sectores que siguen presionando sobre el costo de vida incluso en un contexto de desaceleración relativa respecto a los picos de 2024 y principios de 2025.
La situación revive además una tensión bastante persistente dentro del modelo económico actual.
La inflación puede bajar respecto a niveles anteriores.
Pero si alimentos básicos continúan subiendo por encima de salarios y jubilaciones, el impacto social sigue siendo muy fuerte.
Especialmente en sectores medios y populares donde gran parte de los ingresos se destina directamente a consumo alimentario.
El escenario también refleja algo bastante estructural de Argentina.
Los alimentos suelen reaccionar rápidamente frente a cambios climáticos, expectativas económicas, costos logísticos y movimientos del mercado cambiario.
Y eso vuelve muy difícil sostener estabilidad prolongada en precios esenciales.
Mientras tanto, muchas familias continúan reorganizando hábitos de consumo.
Menos carne.
Más segundas marcas.
Menor cantidad de compras grandes.
Y búsqueda constante de promociones para sostener gastos básicos.
La escena deja una sensación bastante clara sobre el momento económico actual.
La inflación desacelera.
Pero todavía no deja de sentirse.