Los misterios del norte neuquino llegan a la pantalla: un viaje por la Cordillera del Viento

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El documental “Colo Michi Có y otros misterios de la Cordillera del Viento” recorre en cinco capítulos paisajes, historias y enigmas del norte neuquino. La producción, realizada por Nicolás Tamborindegui y emitida por Canal 7, ya está disponible completa en YouTube.

Hay territorios que parecen guardar sus historias bajo tierra. Otros las dejan a la vista, talladas en una piedra, escondidas detrás de una montaña o repetidas durante generaciones como parte de una memoria que nunca terminó de encontrar una explicación.

El norte neuquino pertenece un poco a las dos categorías.

La Cordillera del Viento, con sus paisajes ásperos y silenciosos, vuelve a ser protagonista de una producción audiovisual que intenta acercarse a algunos de esos relatos. “Colo Michi Có y otros misterios de la Cordillera del Viento” es un documental de cinco capítulos producido y conducido por Nicolás Tamborindegui, que combina investigación, testimonios, historia y recorridos por algunos de los lugares más singulares de la región.

La serie fue emitida por Canal 7 de Neuquén a comienzos de agosto y ahora puede verse completa en el canal oficial de la señal. El proyecto comenzó a gestarse durante los primeros meses del año y tuvo una etapa de rodaje en abril, antes de completar entrevistas y registros en Neuquén capital.

El centro de la historia está en Colo Michi Có.

El sitio, ubicado en el norte de la provincia, es conocido por sus piedras grabadas y por las distintas interpretaciones que despertaron a lo largo del tiempo. Tres de los cinco episodios están dedicados a este lugar desde perspectivas diferentes: la mirada de especialistas, la experiencia del propio equipo durante el recorrido y la historia de Bela Veiko, un minero húngaro cuya vida quedó vinculada con los relatos que rodean a la zona.

La elección no es casual.

Colo Michi Có reúne algo que el documental busca explotar durante toda la serie: un paisaje que no necesita demasiados efectos para resultar extraordinario. Las piedras, las montañas y la inmensidad del territorio funcionan como parte de la narración.

Para llegar hasta allí, el equipo contó con el acompañamiento de Alejandra y Amelia, guías que permitieron recorrer el lugar desde una mirada más cercana a quienes conocen el territorio. También participaron especialistas como Pablo Bestard y el historiador Isidro Belver, entrevistado en Huinganco para reconstruir parte de las historias vinculadas con la Cordillera del Viento.

Pero el documental no se queda en las piedras grabadas.

Los otros dos capítulos amplían el mapa de los misterios. Uno se ocupa de los relatos sobre avistajes de luces extrañas en distintos puntos del norte neuquino. El último se detiene en el denominado mirador de ovnis de Las Ovejas, un lugar que despierta curiosidad tanto entre visitantes como entre habitantes de la región.

Hay una diferencia importante entre contar estos relatos y presentarlos como verdades comprobadas.

El valor de una producción documental también puede estar en conservar las preguntas.

Un misterio no necesariamente necesita una respuesta inmediata para formar parte de la cultura de un lugar. Los relatos, incluso aquellos que no pueden ser demostrados, pueden convertirse con el tiempo en parte de la memoria colectiva, alimentar la curiosidad y ayudar a explicar cómo una comunidad mira su propio territorio.

En ese sentido, el documental utiliza los enigmas como una puerta de entrada.

Detrás de cada historia aparece un paisaje.

Y detrás del paisaje, una historia.

La producción continúa además una línea de trabajo que el equipo ya había desarrollado en otras zonas del norte neuquino, con investigaciones relacionadas con los hermanos Pincheira, la Ciudad Encantada de Taquimilán y otros relatos de la región.

Esa continuidad tiene una dimensión cultural interesante.

El norte neuquino suele aparecer en los mapas turísticos por sus montañas, sus localidades y sus atractivos naturales. Pero existe otra manera de recorrerlo: a través de las historias que se acumularon en esos mismos lugares.

La pantalla puede funcionar entonces como una especie de puente.

Acerca territorios alejados a personas que quizás nunca los visitaron. Permite que un paisaje deje de ser una fotografía y se convierta en escenario de una historia. Y, sobre todo, puede despertar curiosidad por una parte de la provincia que muchas veces queda lejos de las miradas más concentradas en la capital y en los grandes centros urbanos.

La serie también muestra el trabajo que existe detrás de una producción de este tipo. Tamborindegui estuvo a cargo de la conducción y producción, Tomás Calvo trabajó en cámara y Darío Forquera se ocupó de cámara y edición. Detrás de los cinco episodios hubo meses de investigación, viajes, entrevistas y montaje.

El resultado no busca solamente resolver un misterio.

Busca recorrerlo.

Y quizás ahí esté su mayor atractivo.

Porque en una época en la que casi todo parece tener una respuesta inmediata, todavía existen lugares capaces de conservar cierta cuota de incertidumbre. Una piedra grabada que nadie mira de la misma manera. Una historia minera que se mezcla con la memoria popular. Una luz en el cielo que alguien asegura haber visto. Una montaña que parece esconder algo detrás de su silencio.

El norte neuquino tiene muchas de esas historias.

Ahora también tiene una serie para contarlas.

Cinco capítulos, una cordillera y una colección de preguntas que encuentran en el documental una nueva forma de viajar: no para cerrar los misterios, sino para volver a mirarlos.