Construida entre 1943 y 1945 gracias al impulso de los misioneros salesianos y al esfuerzo de los pobladores, la capilla de Taquimilán Abajo es parte del patrimonio histórico y religioso del norte neuquino. Hoy integra el Camino de la Fe, un recorrido de unos 800 kilómetros que conecta distintas historias y tradiciones de la provincia.
En Taquimilán Abajo, a unos 15 kilómetros al sur de Chos Malal, una pequeña capilla guarda mucho más que una historia religiosa. María Reina de la Paz es el resultado de una construcción colectiva que atravesó generaciones y que todavía permite reconocer cómo la solidaridad, la identidad cultural y la vida comunitaria fueron dando forma a los pueblos del Alto Neuquén.
Su origen se remonta a mediados de la década de 1940. Entre 1943 y 1945, por iniciativa del sacerdote salesiano Marcelo Pío Gardin y Pedro Rotter, comenzó a tomar forma el proyecto de levantar un espacio de encuentro y oración para los habitantes de la zona. La obra fue posible gracias al compromiso de las familias: algunos vecinos aportaron materiales, mientras que otros pusieron su trabajo para concretar la construcción.
En aquellos años, las distancias y las dificultades geográficas condicionaban la vida cotidiana de las comunidades del norte provincial. Los pequeños templos cumplían entonces una función que iba mucho más allá de las celebraciones religiosas. Eran lugares donde las familias podían reunirse, compartir acontecimientos importantes, acompañarse y fortalecer los vínculos que sostenían la vida en parajes alejados.
La presencia salesiana tuvo un papel importante en ese proceso. Distintos sacerdotes recorrieron los territorios cordilleranos, acompañaron a sus habitantes y promovieron la construcción de capillas. Entre ellos se destacaron Domingo Milanesio, conocido como “Patiru Domingo”; Marcelo Pío Gardin; Florindo Zandonella; Mateo Gavotto; Bartolomé Panaro, primer párroco de Chos Malal, y Pedro Martinengo.
Sus recorridas y su tarea pastoral dejaron una huella en la historia social y espiritual del Alto Neuquén. Sin embargo, esa historia no puede comprenderse únicamente desde la actividad de los misioneros: también estuvo marcada por el aporte de las familias que habitaban la región y que hicieron posibles esos espacios con sus propios recursos y esfuerzos.
En particular, las colectividades chilenas vinculadas con la Colonia Malbarco tuvieron una participación significativa en la conformación cultural de la zona. Sus familias contribuyeron a construir una identidad atravesada por tradiciones, vínculos y experiencias compartidas a ambos lados de la cordillera. En ese entramado, la capilla se convirtió en uno de los lugares donde la vida comunitaria encontró un punto de encuentro.
Hoy, María Reina de la Paz forma parte del Camino de la Fe Neuquino, un circuito de aproximadamente 800 kilómetros que se extiende desde Ailinco, en el norte provincial, hasta Villa La Angostura. La propuesta busca poner en valor el patrimonio religioso de Neuquén y ofrecer una manera de recorrer la provincia a través de sus historias, sus comunidades y sus paisajes.
El itinerario permite descubrir que detrás de cada templo hay una memoria particular. No se trata solamente de visitar edificios religiosos, sino de acercarse a los procesos sociales que acompañaron el crecimiento de las localidades cordilleranas y reconocer a quienes dejaron su marca en ellas.
La capilla está ubicada en el sector de Taquimilán Abajo, dentro del departamento Ñorquín, cerca de la Ruta Nacional 40 y en las inmediaciones del cerro Naunauco. Su emplazamiento, en medio del paisaje del norte neuquino, suma otro componente a una experiencia en la que naturaleza, historia y cultura aparecen estrechamente relacionadas.
A más de ocho décadas de su construcción, María Reina de la Paz conserva el testimonio de una época en la que levantar un espacio común dependía, en buena medida, de la voluntad de los propios pobladores. Sus paredes recuerdan ese esfuerzo compartido y permiten recuperar una parte de la historia provincial que no siempre aparece en los grandes relatos: la de las comunidades que construyeron sus lugares de pertenencia con trabajo, cooperación y memoria.
En el Camino de la Fe, esta capilla ocupa así un lugar que trasciende lo religioso. Es también una expresión del patrimonio cultural del Alto Neuquén y una invitación a conocer la provincia desde las historias de quienes la habitaron y ayudaron a construir su identidad.