Cofundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, falleció a los 90 años. Fue la primera abuela en recuperar a su nieta mediante pruebas genéticas aceptadas por la Justicia, un antecedente decisivo para la búsqueda de niños apropiados durante la última dictadura. Hasta sus últimos días sostuvo la lucha por la memoria, la verdad y la justicia.
Elsa Pavón murió este jueves 5 de noviembre, a los 90 años. Su nombre quedó ligado para siempre a uno de los capítulos más importantes de la lucha por los derechos humanos en la Argentina: fue la primera integrante de Abuelas de Plaza de Mayo en lograr la restitución de su nieta, Paula Logares, mediante estudios genéticos que marcaron un antes y un después en la historia judicial del país.
Su búsqueda comenzó en 1978, cuando su hija Mónica Grinspon, su yerno Claudio Logares y la pequeña Paula, que tenía apenas 23 meses, fueron secuestrados en Uruguay. La familia vivía en Montevideo desde 1977, adonde se había trasladado para escapar de la represión de la dictadura argentina. Sin embargo, el aparato represivo también alcanzó a la pareja en el país vecino, en el marco del Plan Cóndor.
Mónica y Claudio fueron trasladados a centros clandestinos de detención en territorio argentino. Ambos permanecen desaparecidos. Paula, en cambio, quedó en manos de un integrante de la Policía Bonaerense y su esposa, quienes la inscribieron como hija propia y le quitaron su identidad.
Para Elsa, comenzó entonces una búsqueda que atravesaría décadas. Después de recuperarse de una enfermedad que sufrió tras el secuestro de su familia, acudió a organismos de derechos humanos y encontró apoyo para viajar a Uruguay e intentar reconstruir lo ocurrido. En ese camino conoció a María Isabel “Chicha” Mariani, una de las referentes históricas de Abuelas, con quien compartió investigaciones, gestiones y una lucha que nunca abandonó.
Paula fue localizada en Buenos Aires en julio de 1983, pero todavía faltaba demostrar judicialmente su identidad. El caso se convirtió en una instancia decisiva para el desarrollo de herramientas científicas capaces de establecer vínculos familiares incluso cuando los padres de los niños buscados continuaban desaparecidos.
En 1984, los análisis genéticos confirmaron que Paula era hija de Mónica y Claudio. El 13 de diciembre de ese año, la Justicia ordenó su restitución. Fue un fallo histórico: por primera vez, los estudios de ADN fueron aceptados como prueba judicial válida para resolver un caso de apropiación durante la dictadura.
El procedimiento permitió consolidar el llamado Índice de Abuelidad, una herramienta que hace posible establecer relaciones de parentesco a partir del material genético de abuelos y otros familiares. Su desarrollo fue fundamental para que Abuelas pudiera continuar la búsqueda de cientos de niños y niñas apropiados durante el terrorismo de Estado.
Tres años después, en 1987, se creó por ley el Banco Nacional de Datos Genéticos, destinado a conservar las muestras de familiares de personas desaparecidas y facilitar futuras identificaciones. Aquella experiencia que comenzó con la búsqueda de Paula contribuyó así a construir una política pública que trascendió el caso de una familia y se convirtió en una herramienta central para el derecho a la identidad.
Pero la restitución de su nieta no significó el final del compromiso de Elsa Pavón. Participó como querellante en causas emblemáticas vinculadas con la apropiación de menores y los crímenes de la dictadura, entre ellas los juicios a Jorge Rafael Videla, los delitos del Plan Cóndor y los hechos ocurridos en las brigadas de investigaciones.
También fue cofundadora y presidenta de la Asociación Anahí, organización dedicada a preservar la Casa Mariani Teruggi y continuar la búsqueda de Clara Anahí, la nieta de Chicha Mariani. Además, integró la Comisión Provincial por la Memoria y mantuvo una presencia activa en espacios educativos y culturales.
Había, sin embargo, una búsqueda que nunca pudo cerrar. Cuando Mónica fue secuestrada estaba embarazada, por lo que Elsa y su familia también buscaban a otro nieto o nieta que podría haber nacido durante el cautiverio. Esa incertidumbre la acompañó hasta el final de su vida.
Desde la Asociación Anahí destacaron su compromiso y su capacidad para transmitir la memoria a las nuevas generaciones. Recordaron que, hasta pocas semanas antes de morir, continuaba recorriendo escuelas y bibliotecas para compartir su experiencia y sostener la construcción de un Nunca Más.
La historia de Elsa Pavón reúne el dolor de una familia atravesada por el terrorismo de Estado y la fuerza de una lucha que transformó la búsqueda individual en una causa colectiva. Su recorrido ayudó a demostrar que la ciencia podía ponerse al servicio de la verdad y que el derecho a la identidad debía ser defendido incluso frente al paso del tiempo.
Su muerte deja una ausencia entre quienes compartieron décadas de militancia por los derechos humanos. Pero también permanece el legado de una mujer que convirtió una búsqueda personal en un aporte decisivo para la sociedad argentina: recuperar a Paula fue abrir una puerta para que muchas otras familias pudieran seguir buscando.