Mushinka, el chocolate que encontró en la montaña una identidad propia

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Desde Junín de los Andes, Jennifer Kpolikv Dávila convirtió una historia de raíces cubanas, sabores patagónicos y más de 20 años de oficio en una propuesta artesanal que busca que cada chocolate también sea un recuerdo de la montaña.

Hay historias que empiezan lejos del lugar donde finalmente encuentran su identidad. La de Jennifer Kpolikv Dávila comenzó en Cuba, continuó en Argentina y terminó tomando una forma particular en la Patagonia, donde el chocolate se convirtió en una manera de unir culturas, paisajes y recuerdos.

Jennifer llegó al país junto a sus padres. Mientras ellos se instalaron en Buenos Aires, ella eligió otro camino y se trasladó al sur. Después de años vinculada a la chocolatería en San Martín de los Andes, encontró en Junín de los Andes un nuevo lugar para continuar desarrollando su oficio.

Mushinka Chocolates nació durante la pandemia, cuando Jennifer comenzó a elaborar chocolates desde su casa en la montaña. De aquella experiencia surgió también una idea que terminó definiendo a la marca: hacer “chocolates de montaña”, productos capaces de llevar en cada elaboración algo del territorio donde son producidos.

La identidad aparece en la combinación de ingredientes. Frutos secos y productos que encuentra en la Patagonia se mezclan con especias y sabores relacionados con sus raíces cubanas. No se trata solamente de sumar ingredientes distintos, sino de construir una historia gastronómica en la que conviven dos lugares que, a primera vista, parecen muy distantes.

Ese cruce cultural también forma parte de su recorrido como Embajadora de la Gastronomía Neuquina, un reconocimiento a quienes trabajan para poner en valor los productos, sabores y conocimientos vinculados con la provincia.

Pero detrás del chocolate también hay una preocupación por el impacto que genera la producción. Jennifer busca reducir el uso de packaging y disminuir la cantidad de residuos asociados a la presentación de sus productos. La idea es sencilla: que el protagonista sea el chocolate y no todo aquello que lo envuelve.

La propuesta también mira al turismo. Junín de los Andes recibe visitantes atraídos por sus paisajes y por la posibilidad de acercarse a la naturaleza, y Mushinka busca que puedan llevarse algo más que una fotografía. Un producto elaborado en el propio pueblo, con ingredientes y una identidad vinculados a la Patagonia.

En ese sentido, el chocolate funciona como una pequeña memoria del viaje. Puede salir de la montaña dentro de una valija y regresar a otro lugar con los aromas y sabores de Neuquén. Una forma sencilla de prolongar la experiencia de quien pasó por el sur.

Jennifer lleva más de dos décadas trabajando con chocolate y define el oficio como una actividad que exige paciencia, amor y dedicación. Con el tiempo, aquella profesión dejó de ser solamente un trabajo para convertirse en una parte de su propia historia.

Hoy, desde Junín de los Andes, Mushinka continúa creciendo alrededor de esa identidad. Chocolate, frutos secos, especias, montaña y raíces cubanas se encuentran en una propuesta que demuestra que la gastronomía también puede contar historias: algunas nacen muy lejos, pero encuentran en Neuquén el lugar donde echar raíces.