La socialdemocracia gana en Suecia, pero la derecha queda a un paso

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El Partido Socialdemócrata de Magdalena Andersson fue la fuerza más votada y el bloque de centroizquierda quedó apenas un escaño por encima de la derecha, en una elección que dejó abierta la formación del próximo Gobierno.

Suecia amaneció con un resultado que devuelve a la socialdemocracia al centro de la escena, pero sin una victoria contundente. El Partido Socialdemócrata, liderado por la ex primera ministra Magdalena Andersson, obtuvo alrededor del 28% de los votos y volvió a convertirse en la principal fuerza política del país.

El dato decisivo, sin embargo, está en la distribución de las bancas. Con más del 90% de los votos contabilizados, el bloque de centroizquierda alcanza entre 175 y 176 escaños sobre un total de 349, mientras que el espacio de derecha queda entre 173 y 174. Una diferencia mínima que todavía puede modificarse con el recuento de votos anticipados y emitidos desde el extranjero.

La elección también representa un posible regreso de Andersson al Gobierno. La dirigente socialdemócrata ya fue primera ministra entre 2021 y 2022 y ahora tiene la posibilidad de volver al cargo, aunque para hacerlo deberá construir una mayoría parlamentaria junto a otras fuerzas de centroizquierda.

El escenario no es sencillo. El bloque opositor reúne a los socialdemócratas, el Partido de la Izquierda, los Verdes y el Partido del Centro, pero existen diferencias entre esas formaciones. La eventual alianza deberá encontrar acuerdos suficientes para sostener un Gobierno estable en un Parlamento profundamente fragmentado.

Del otro lado, el primer ministro conservador Ulf Kristersson todavía conserva posibilidades de continuar en el poder. Su coalición de centroderecha puede intentar negociar una nueva mayoría, aunque el papel de los Demócratas de Suecia vuelve a ser uno de los principales problemas políticos.

El partido nacionalista y de extrema derecha, que había sido la segunda fuerza en las elecciones de 2022, perdió apoyo y quedó relegado al tercer lugar, detrás de los conservadores. Su retroceso representa uno de los datos más significativos de la elección, después de años de crecimiento sostenido.

Durante la campaña, la inmigración y la seguridad ocuparon un lugar central, pero también hubo preocupación por la economía, la inflación, la salud y la educación. Andersson buscó combinar una defensa del Estado de bienestar con una posición más dura en materia migratoria, mientras advertía sobre los riesgos de permitir que la extrema derecha gane mayor influencia institucional.

El resultado llega además en un momento particular para Suecia, que en los últimos años experimentó un fuerte desplazamiento del debate político hacia la inmigración, la criminalidad y la seguridad. La derecha gobernó desde