Neuquén elige al Pinot Noir como símbolo de una industria que busca echar raíces

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La Legislatura neuquina aprobó el proyecto que convierte al Pinot Noir en la cepa emblema de la provincia y fija el 18 de agosto como su día provincial. La decisión busca unir producción, gastronomía y turismo bajo una identidad vitivinícola que nació en tierras áridas y ganó espacio en la economía neuquina.

Hay productos que dejan de ser solamente productos cuando empiezan a contar una historia. En Neuquén, el Pinot Noir acaba de dar ese paso: la Legislatura provincial aprobó en particular el proyecto que lo reconoce oficialmente como cepa emblema y estableció el 18 de agosto como el Día Provincial del Pinot Noir Neuquino.

La decisión tiene una dimensión productiva, pero también cultural. El vino no aparece aislado del territorio: forma parte de una actividad que durante las últimas décadas fue modificando el mapa económico de la provincia y que encontró en los paisajes de la Patagonia una identidad propia. El reconocimiento institucional busca precisamente consolidar esa relación entre territorio, producción y pertenencia.

El proyecto reunió dos iniciativas que llegaron a la Legislatura por caminos diferentes: una impulsada por el gobernador Rolando Figueroa y otra presentada por la diputada Mercedes Tulián. La norma plantea que el Pinot Noir sea utilizado también como una herramienta para fortalecer la presencia de Neuquén en los mercados nacionales e internacionales.

La vitivinicultura neuquina comenzó a ganar impulso especialmente durante la década de 1990, en un proceso que ayudó a diversificar una economía históricamente vinculada a otras actividades. Con el tiempo, las bodegas, los productores y las propuestas gastronómicas fueron construyendo un circuito en el que el vino dejó de ser solamente una bebida para convertirse también en parte de la experiencia turística.

En ese recorrido, el Pinot Noir encontró condiciones particulares para desarrollarse. El clima fresco y seco, la amplitud térmica, los suelos aluvionales y los vientos constantes conforman un escenario que favorece el cultivo de esta variedad. Son características naturales que, combinadas con el trabajo productivo, permiten construir vinos asociados a una geografía concreta.

La nueva ley apunta a aprovechar justamente esa combinación. El Ministerio de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales será la autoridad de aplicación y podrá coordinar acciones con municipios, comisiones de fomento, organizaciones civiles y empresas privadas. También podrá establecer convenios de financiamiento y asistencia con organismos nacionales e internacionales.

El 18 de agosto funcionará como una fecha para darle continuidad a esa estrategia. La idea no es solamente sumar una efeméride al calendario, sino generar cada año actividades de promoción, difusión y valorización alrededor del Pinot Noir. La vitivinicultura podrá así encontrarse con la gastronomía, el turismo y distintas expresiones culturales de la provincia.

Para Neuquén, el desafío será que ese reconocimiento simbólico tenga consecuencias concretas. Una denominación oficial puede ayudar a construir una marca territorial, pero el verdadero impacto dependerá de cuánto logre traducirse en mejores oportunidades para productores, bodegas, trabajadores, emprendimientos gastronómicos y comunidades que forman parte de la cadena turística.

En una provincia acostumbrada a que Vaca Muerta ocupe buena parte de la conversación económica, la vitivinicultura representa otra manera de pensar el desarrollo. No compite necesariamente con la energía, pero permite imaginar una matriz productiva más amplia, donde también tengan lugar el turismo, los alimentos, la gastronomía y las industrias vinculadas a la identidad local.

El Pinot Noir, con su nombre francés y sus raíces profundas en otras regiones del mundo, encontró en Neuquén un paisaje distinto donde echar raíces. Ahora la provincia decidió convertirlo oficialmente en uno de sus símbolos. La apuesta será que esa copa que hoy representa una variedad pueda, con el tiempo, contar algo más grande: que producir también puede ser una forma de construir identidad y de imaginar futuro.