La Provincia anunció la primera etapa de un ambicioso programa vial que contempla la duplicación de 6,5 kilómetros de la Autovía Norte, nuevos puentes, pasos a distinto nivel y la finalización del nodo Cañadón de las Cabras. El plan integral busca ordenar el tránsito, mejorar la seguridad y acompañar el crecimiento de Neuquén.
Neuquén capital se prepara para cambiar una de las postales más habituales de sus ingresos: las largas filas, las rotondas saturadas y los cruces que obligan a reducir la velocidad en corredores cada vez más cargados.
La Provincia anunció la licitación de la primera etapa de un plan integral de obras viales que contempla una inversión total de 175 millones de dólares y apunta a transformar los principales accesos a la ciudad.
El proyecto incluye la duplicación de la Autovía Norte hasta el río Neuquén, nuevos puentes y la finalización de conexiones pendientes en el nodo Cañadón de las Cabras. El martes, además, se licitará la obra correspondiente al cruce entre las rutas Provincial 67 y Nacional 22.
La primera intervención contempla 6,5 kilómetros de duplicación de calzada entre el Tercer Puente y la rotonda de Casimiro Gómez.
La idea es ampliar la capacidad de uno de los principales corredores de acceso a la capital y reducir las demoras que actualmente se producen en los sectores de mayor circulación.
Pero el proyecto no se limita a agregar carriles.
También incluye la construcción de los puentes sobre Casimiro Gómez y avenida Los Paraísos, además de los dos rulos que todavía faltan para completar el nodo Cañadón de las Cabras.
A eso se sumarán pasos a distinto nivel en puntos estratégicos.
Los cruces de Los Paraísos, Casimiro Gómez y la intersección con la Ruta Provincial 67 serán elevados para eliminar conflictos entre los distintos movimientos del tránsito y permitir una circulación más fluida.
La transformación de estos accesos responde a un problema que Neuquén conoce cada vez mejor: la ciudad creció más rápido que parte de su infraestructura.
El desarrollo económico, el aumento de la población y el movimiento generado por la actividad productiva incrementaron de manera sostenida la cantidad de vehículos que ingresan y salen diariamente de la capital.
Las rutas que hace algunos años podían soportar ese volumen hoy enfrentan una presión mucho mayor.
Por eso, la obra vial aparece como una pieza central de la planificación urbana y productiva.
Una ruta no es solamente una vía para los automóviles.
También es la conexión entre trabajadores y empleos, entre empresas y proveedores, entre barrios y servicios y entre la capital y el resto de la provincia.
En una región atravesada por el crecimiento de Vaca Muerta, esa conexión adquiere todavía más importancia.
El plan apunta justamente a construir una red con mayor capacidad y seguridad, que permita acompañar el desarrollo productivo sin que cada nuevo aumento del tránsito vuelva a poner al límite los accesos existentes.
La Provincia también destaca un cambio institucional detrás de estas obras.
Los tramos sobre los que se proyectan las intervenciones estaban anteriormente bajo la órbita nacional. Luego de que Nación transfiriera esas rutas, Neuquén asumió su mantenimiento y quedó en condiciones de avanzar con las obras planificadas.
El Gobierno provincial presenta esa transferencia como una oportunidad para acelerar inversiones que durante años habían quedado pendientes.
La primera etapa es apenas una parte del proyecto.
El objetivo final es avanzar progresivamente hacia una conexión de mayor capacidad por la Autovía Norte, desde Senillosa hasta el límite con Río Negro, fortaleciendo uno de los corredores más importantes de ingreso y egreso de la capital neuquina.
Para que ese esquema funcione, sin embargo, no alcanza con construir una autopista.
También será necesario ordenar los cruces, mejorar la iluminación, garantizar mantenimiento y coordinar las obras con el crecimiento de los barrios y de las áreas productivas.
La infraestructura tiene una particularidad: cuando funciona bien, casi nadie piensa en ella.
El viaje simplemente se vuelve más rápido.
Pero cuando queda chica, se hace visible todos los días.
Un semáforo más.
Una fila más larga.
Un cruce complicado.
Minutos que se acumulan durante años.
La apuesta de Neuquén es intentar adelantarse a ese problema.
El desafío será que las obras terminen acompañando efectivamente el crecimiento que busca sostener la provincia y que la inversión no quede solamente concentrada en los accesos, sino que forme parte de una planificación integral del territorio.
Porque una ciudad que crece necesita algo más que nuevos edificios y actividad económica.
Necesita caminos capaces de conectar todo eso.
Los 175 millones de dólares proyectados para este plan buscan convertir los accesos a Neuquén en una red vial preparada para una ciudad que ya no es la misma de hace una década. La obra más importante será la que permita que ese crecimiento no se traduzca en más tiempo perdido sobre el asfalto, sino en mejores conexiones para quienes viven, trabajan y producen en la región.