Ambos gobiernos exhibieron superávit fiscal y comercial, pero con resultados económicos y sociales muy distintos. La discusión vuelve a poner en el centro una pregunta incómoda para la política económica argentina: cómo se consigue el equilibrio y para quién funciona.
Durante años, gran parte de la ortodoxia económica repitió una idea casi como una ley natural.
Si un país logra superávit fiscal y superávit comercial al mismo tiempo, el crecimiento llega solo.
Pero la experiencia argentina vuelve a poner esa teoría bajo discusión.
Porque tanto el gobierno de Néstor Kirchner como el de Javier Milei mostraron los llamados “superávits gemelos”, aunque con resultados completamente diferentes.
En los años posteriores a la crisis de 2001, la gestión de Kirchner combinó equilibrio fiscal y comercial con crecimiento acelerado, recuperación salarial, creación de empleo, aumento del consumo y acumulación de reservas internacionales. La economía llegó a expandirse cerca de un 8% anual durante varios años consecutivos.
En cambio, el ciclo actual muestra otra fotografía.
Aunque Milei logró sostener superávits en las cuentas públicas y en el comercio exterior, esos resultados conviven con caída del salario real, cierre de empresas, pérdida de empleo registrado, retracción del consumo y aumento de la morosidad financiera.
La diferencia no está solamente en los números.
También en cómo se construyen.
Durante el kirchnerismo, el equilibrio fiscal estuvo asociado a una economía en expansión que aumentaba recaudación, empleo y actividad productiva. El mercado interno funcionaba como uno de los motores principales del crecimiento.
El modelo libertario, en cambio, sostiene el superávit a partir de un fuerte ajuste sobre jubilaciones, salarios públicos, obra pública, subsidios y gasto estatal. Parte del saldo comercial positivo también se explica por una caída de importaciones vinculada al enfriamiento de la actividad económica.
Ahí aparece el núcleo de la discusión.
Si el equilibrio fiscal es un objetivo en sí mismo o una herramienta para impulsar desarrollo.
Porque los superávits pueden existir en contextos muy distintos.
Uno asociado a crecimiento y expansión productiva.
Otro sostenido sobre ajuste, recesión y caída del consumo.
El debate también atraviesa al propio peronismo, que empieza a discutir cómo construir una alternativa económica para la etapa posterior a Milei sin repetir errores del pasado. Sectores opositores reconocen la necesidad de mantener cierto orden macroeconómico, pero cuestionan que el equilibrio se logre a costa del deterioro social y productivo.
En el fondo, la discusión excede los tecnicismos.
Porque detrás de cada plan económico hay una pregunta política bastante simple.
No solamente si las cuentas cierran.
Sino quién paga el costo para que cierren.
Y quiénes terminan beneficiándose cuando finalmente lo hacen.