Vaca Muerta en la guerra de los chips: Estados Unidos quiere decidir qué tecnología puede usar Neuquén

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El embajador estadounidense Peter Lamelas advirtió a empresas vinculadas con Vaca Muerta sobre la contratación de tecnología china y puso el foco en Huawei. La discusión excede por mucho una red de fibra óptica: la disputa entre Washington y Beijing aterrizó en Neuquén y abre una pregunta incómoda para la Argentina de Milei sobre soberanía, inversiones y hasta dónde puede llegar el alineamiento con una potencia extranjera.

Vaca Muerta tiene petróleo.

Tiene gas.

Tiene dólares todavía por llegar, kilómetros de ductos, empresas multinacionales, trabajadores de todo el país y una promesa exportadora capaz de modificar durante las próximas décadas la economía argentina.

Ahora también tiene una pequeña Guerra Fría.

El embajador de Estados Unidos en Argentina, Peter Lamelas, llevó este jueves al AmCham Energy Forum una advertencia que difícilmente pueda leerse como una simple recomendación empresarial. Sostuvo que la utilización de tecnología china en infraestructura vinculada con Vaca Muerta representa un problema de seguridad y aseguró que su presencia puede perjudicar la llegada de inversiones estadounidenses.

El nombre detrás de la discusión es conocido: Huawei.

Y detrás de Huawei aparecen dos nombres todavía más grandes: China y Estados Unidos.

Bienvenidos a la geopolítica del siglo XXI, donde las potencias ya no disputan solamente petróleo, territorios o rutas comerciales.

También pelean por los cables.

Una advertencia que llegó hasta Neuquén

El conflicto tiene un protagonista local: la cooperativa eléctrica CALF, que negocia la utilización de tecnología de Huawei para infraestructura de telecomunicaciones y un centro de datos en Neuquén.

La semana pasada, Lamelas envió una carta al presidente de la cooperativa, Marcelo Severini, reclamando la suspensión del acuerdo con la compañía china. Según la información publicada, el diplomático llegó incluso a advertir sobre la posibilidad de revocar las visas estadounidenses de directivos de CALF si avanzaban con la contratación.

Este jueves fue todavía más lejos.

Ante empresarios del sector energético, Lamelas sostuvo que cualquier dato que circule por tecnología china puede quedar bajo control del Partido Comunista de China y planteó la cuestión como un asunto de «seguridad nacional» para Estados Unidos. También argumentó que las compañías norteamericanas necesitan garantías sobre la protección de sus datos antes de invertir en Vaca Muerta.

La preocupación por la seguridad de infraestructura crítica es legítima.

La forma elegida para plantearla abre otra discusión.

Porque una cosa es advertir sobre riesgos tecnológicos.

Otra bastante diferente es decirles a empresas argentinas con quién deberían o no contratar y colocar sobre la mesa las visas personales de sus directivos.

China respondió, como era previsible

Beijing no dejó pasar la oportunidad.

La Embajada china rechazó las acusaciones estadounidenses, defendió a Huawei y acusó a Washington de utilizar argumentos de seguridad nacional para obstaculizar la actividad comercial de empresas chinas en Argentina. También cuestionó la amenaza de retirar visas y la consideró una interferencia sobre relaciones comerciales entre compañías argentinas y chinas.

Nada de esto convierte automáticamente a China en una hermana desinteresada de la soberanía latinoamericana.

China defiende intereses chinos.

Estados Unidos defiende intereses estadounidenses.

El detalle importante es otro: Argentina debería defender los argentinos.

Parece una obviedad.

Últimamente conviene recordarla.

Milei y la paradoja del libre mercado

La situación coloca además al Gobierno de Javier Milei frente a una contradicción particularmente interesante.

El Presidente construyó buena parte de su identidad política alrededor de la libertad económica, la apertura comercial y la idea de que los privados deben decidir dónde invertir y con quién hacer negocios sin interferencias estatales.

Pero el principal aliado internacional de su gobierno está pidiendo exactamente lo contrario.

No contratar determinada tecnología.

No porque sea necesariamente más cara.

Ni porque haya perdido una licitación.

Sino porque es china.

Lamelas argumenta que existen razones de seguridad y ciberseguridad. Washington mantiene desde hace años fuertes restricciones contra Huawei y considera que la compañía representa riesgos para sus redes críticas. El debate, por lo tanto, no nació en Neuquén. Lo novedoso es que Estados Unidos pretenda extender sus criterios de seguridad nacional a decisiones empresariales tomadas dentro de Argentina.

El liberalismo enfrenta aquí una pregunta bastante terrenal.

¿Qué ocurre con la libertad de mercado cuando quien vende el producto equivocado tiene pasaporte chino?

Vaca Muerta dejó de ser solamente neuquina

Hay una dimensión más profunda.

Durante años se habló de Vaca Muerta fundamentalmente en términos provinciales: regalías, empleo, infraestructura, impacto ambiental, relación con las comunidades, rutas, viviendas y crecimiento demográfico.

Después comenzó la discusión nacional.

Exportaciones.

Gasoductos.

Reservas.

Balanza energética.

Dólares.

Ahora aparece una tercera escala.

La global.

Vaca Muerta está dejando de ser solamente una formación geológica extraordinaria para convertirse en un activo geopolítico. Y cuando eso ocurre, las grandes potencias empiezan a mirar no sólo quién extrae el gas, sino quién financia los proyectos, quién proporciona los equipos, quién controla las telecomunicaciones y por dónde circulan los datos.

El subsuelo es neuquino.

Pero alrededor suyo empieza a jugarse una partida mundial.

Ni Washington ni Beijing

Sería demasiado sencillo convertir esta discusión en un partido de fútbol.

Estados Unidos de un lado.

China del otro.

Y Argentina eligiendo camiseta.

Una política exterior adulta debería poder hacer algo bastante menos emocionante y mucho más útil: relacionarse con ambos según sus propios intereses, establecer estándares transparentes de ciberseguridad, evaluar técnicamente a los proveedores, proteger infraestructura crítica y diversificar vínculos para evitar dependencias excesivas.

China no merece un cheque en blanco porque Estados Unidos presione.

Estados Unidos tampoco adquiere derecho de veto sobre decisiones argentinas porque sea aliado político del Gobierno.

La soberanía en el siglo XXI también pasa por ahí.

Por los datos.

Por los servidores.

Por las redes.

Por la capacidad de decidir quién construye la infraestructura sobre la cual funcionará una economía cada vez más digital.

La pregunta que queda debajo del petróleo

La Argentina necesita inversiones.

Necesita tecnología.

Necesita mercados para su energía y socios capaces de financiar infraestructura.

Estados Unidos puede ser uno de ellos.

China también.

El desafío consiste en conseguir que esa necesidad no transforme al país en territorio de disputa de intereses ajenos.

Porque Vaca Muerta puede convertirse en una plataforma energética de escala mundial sin necesidad de convertirse en una colonia tecnológica de nadie.

Quizás ésa sea la discusión verdaderamente importante detrás del episodio con Huawei.

Durante décadas las grandes potencias vinieron a esta parte del mundo preguntando quién controlaba los recursos.

Ahora también preguntan quién controla los datos.

Neuquén acaba de descubrir que tiene las dos cosas.

Y probablemente tendrá que aprender rápido a defender ambas.