Desde Houston, Neuquén busca jugar en las grandes ligas de la energía

En este momento estás viendo Desde Houston, Neuquén busca jugar en las grandes ligas de la energía
  • Categoría de la entrada:Actualidad
  • Tiempo de lectura:3 minutos de lectura

Rolando Figueroa defendió el impacto nacional de Vaca Muerta ante inversores internacionales y reforzó la idea de un desarrollo que excede a la provincia.

Hay escenarios que funcionan como vidriera.

Houston es uno de ellos.

En el corazón global de la industria energética, el gobernador de Neuquén, Rolando Figueroa, llevó un mensaje claro: Vaca Muerta ya no es solo un proyecto regional, sino un motor que impacta en todo el país.

La afirmación no es retórica.

Según explicó, la actividad hidrocarburífera genera recursos fiscales —como Ganancias e IVA— que se distribuyen entre todas las provincias, ampliando su efecto más allá del territorio neuquino.

Pero el impacto no se agota en los números.

También hay un entramado productivo que se mueve alrededor del shale: empresas de distintos puntos del país participan de la cadena de valor, generan empleo y dinamizan economías locales que, en muchos casos, no tienen vínculo directo con el petróleo.

La intervención de Figueroa en Estados Unidos tuvo un objetivo concreto.

Atraer inversiones.

Mostrar a Neuquén como un territorio confiable en un contexto donde la energía vuelve a ocupar un lugar central en la geopolítica global.

En ese marco, el gobernador también valoró el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), al que definió como una herramienta que puede generar beneficios compartidos si logra sostener un flujo de capitales hacia el sector.

La escena, sin embargo, tiene más de una capa.

Por un lado, el entusiasmo por el potencial de Vaca Muerta, una de las mayores reservas de hidrocarburos no convencionales del mundo y responsable de más de la mitad de la producción energética del país.

Por otro, la pregunta que recorre cualquier modelo extractivo: cómo se distribuye esa riqueza.

Figueroa lo planteó en términos directos.

El crecimiento de la industria debe traducirse en mejoras concretas para la población.

No solo en exportaciones o indicadores macro, sino en infraestructura, empleo y calidad de vida.

Esa tensión —entre crecimiento y distribución— no es nueva.

Pero en Neuquén adquiere una dimensión particular.

Durante años, el desarrollo energético convivió con desigualdades territoriales evidentes.

El desafío ahora es que el salto de escala no profundice esas brechas.

Sino que, por el contrario, las reduzca.

La presencia en Houston funciona, en ese sentido, como algo más que una misión comercial.

Es una declaración de intenciones.

Neuquén quiere ser protagonista en el mapa energético global.

Pero también intenta construir un relato propio sobre cómo ese protagonismo puede traducirse en desarrollo local.

La incógnita, como casi siempre, no está en el potencial.

Está en la ejecución.

En cómo convertir la promesa en algo tangible.

Y en quiénes terminan siendo, realmente, los beneficiarios de ese proceso.