El desgaste llegó a las encuestas: la imagen de Milei entra en una zona de riesgo

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Dos nuevos sondeos muestran un crecimiento sostenido del rechazo a la gestión de Javier Milei y una imagen negativa que supera el 50%. Aunque la inflación desacelera y el Gobierno mantiene el equilibrio fiscal como principal bandera, el malestar por el empleo, los salarios y las condiciones de vida comienza a erosionar uno de los activos políticos más importantes del oficialismo: la expectativa de futuro.

Las encuestas no votan.

Pero suelen avisar.

No anticipan resultados electorales con exactitud ni reemplazan a las urnas. Sin embargo, funcionan como un sismógrafo: registran movimientos que todavía no siempre son visibles en la superficie. Y los últimos estudios de opinión difundidos esta semana muestran una tendencia que la Casa Rosada difícilmente pueda ignorar: el desgaste político de Javier Milei continúa creciendo.

Dos relevamientos distintos —uno de la consultora Management & Fit y otro de la Universidad de San Andrés— coinciden en un diagnóstico general. La imagen negativa del Presidente supera el 50%, la desaprobación de la gestión ronda el 58% y más de la mitad de los consultados afirma que preferiría un cambio de rumbo político antes que una continuidad del actual gobierno.

No es un dato menor.

Porque el capital político de Milei nunca descansó solamente en los resultados económicos presentes. Descansó, sobre todo, en una promesa: soportar un ajuste muy duro para alcanzar una Argentina mejor.

Toda promesa tiene fecha de vencimiento.

La inflación baja. La paciencia también tiene límites

Sería un error analizar estas encuestas ignorando los logros que el propio Gobierno exhibe.

La inflación descendió de manera significativa respecto de los niveles con los que comenzó la gestión. El equilibrio fiscal dejó de ser una consigna para convertirse en un objetivo efectivamente alcanzado. El mercado financiero muestra una estabilidad muy distinta a la de los años anteriores.

Esos datos existen.

Y ayudan a explicar por qué Milei conserva un núcleo de apoyo sólido que continúa rondando entre el 35% y el 40% según distintas consultoras.

Pero la política rara vez se sostiene únicamente sobre indicadores macroeconómicos.

Las familias viven otra economía.

La del salario que todavía no alcanza.

La del empleo formal que cuesta recuperar.

La del consumo que sigue débil en amplios sectores.

La de la tarjeta de crédito que empieza a convertirse en una herramienta para financiar alimentos y no solamente bienes durables.

Las estadísticas nacionales pueden mejorar antes que la experiencia cotidiana.

Cuando esa distancia se prolonga demasiado, aparecen las encuestas.

El problema ya no es la inflación

Hay un dato particularmente interesante.

Durante años la inflación encabezó todas las preocupaciones sociales.

Hoy empiezan a ganar espacio otras inquietudes: empleo, ingresos, pobreza, corrupción y expectativas económicas. El propio estudio de Management & Fit muestra que una mayoría de los consultados buscaría un cambio de políticas antes que una continuidad del rumbo actual.

Eso modifica el escenario político.

Porque Milei llegó al poder ofreciendo resolver un problema central.

Si la inflación deja lentamente de ocupar el centro de la conversación pública, el Gobierno necesitará construir nuevas respuestas para preguntas diferentes.

¿Cómo recuperar empleo de calidad?

¿Cómo mejorar salarios?

¿Cómo reducir la desigualdad sin abandonar el equilibrio fiscal?

Son desafíos bastante más complejos que bajar un índice mensual.

Gobernar no es solamente ajustar

Existe otra lectura posible detrás de estos números.

El Gobierno dedicó buena parte de su energía política a confrontar. Contra el Congreso, los gobernadores, las universidades, los sindicatos, la prensa, los artistas o quienes cuestionan alguna decisión oficial.

La estrategia tuvo eficacia durante el primer tramo de la gestión. Consolidó identidad, fortaleció a su núcleo duro y convirtió cada conflicto en una nueva demostración de liderazgo.

Pero gobernar durante cuatro años exige algo más que ganar discusiones en redes sociales.

Exige construir mayorías.

Y las mayorías rara vez sobreviven alimentándose exclusivamente de confrontación.

Las encuestas también tienen límites

Conviene introducir una dosis de prudencia.

Las consultoras no siempre coinciden entre sí. Existen estudios que muestran un deterioro más pronunciado y otros que registran cierta recuperación de la imagen presidencial en las últimas semanas, especialmente después de la desaceleración de la inflación.

Las encuestas fotografían momentos.

No escriben el resultado de una elección.

Todavía falta mucho para 2027.

En política argentina, eso equivale casi a una eternidad.

El verdadero examen

Quizás el dato más importante no sea que la imagen negativa haya superado el 50%.

Lo verdaderamente relevante es por qué ocurre.

Si el malestar proviene principalmente de una economía que todavía no logra traducir la estabilidad en bienestar cotidiano, el Gobierno aún dispone de margen para revertir la tendencia.

Si, en cambio, comienza a instalarse una sensación más profunda de desencanto con el proyecto político, la tarea será bastante más difícil.

Toda administración enfrenta un momento donde deja de ser juzgada por sus promesas y empieza a ser evaluada por sus resultados.

Da la impresión de que Javier Milei está entrando en esa etapa.

La inflación ya no alcanza para explicar toda la economía.

Y la épica del ajuste empieza a encontrarse con una pregunta mucho más concreta.

La que millones de argentinos responden todos los meses, lejos de las consultoras, cuando hacen las cuentas en la mesa de su casa.

Porque, al final, ninguna encuesta pesa tanto como esa.