Axel Kicillof, Sergio Massa y Gerardo Zamora buscan ampliar el diálogo con mandatarios provinciales que no forman parte del núcleo más duro del peronismo. La apuesta es construir una alternativa nacional capaz de enfrentar a Javier Milei sin quedar atrapada en la interna bonaerense.
El peronismo empieza a mirar más allá de la General Paz.
Después de años en los que buena parte de sus discusiones quedaron atrapadas en la relación entre Buenos Aires, Cristina Kirchner y las distintas corrientes del PJ, algunos de sus principales dirigentes comenzaron a ensayar una estrategia diferente: hablar con los gobernadores y construir una estructura que tenga mayor presencia federal.
Axel Kicillof, Sergio Massa y Gerardo Zamora aparecen en ese movimiento como piezas centrales. La idea, según trascendió después de la reunión que mantuvieron dirigentes peronistas y gobernadores en Buenos Aires, es acercarse a aquellos mandatarios que no necesariamente integran el núcleo más duro del espacio, pero que pueden resultar decisivos para cualquier proyecto nacional.
No es un detalle menor.
La Argentina que emerge después de las elecciones y del avance de Javier Milei tiene un mapa político mucho más fragmentado que el de otras épocas. El peronismo conserva una estructura territorial importante, pero ya no puede dar por descontado que esa estructura se traduzca automáticamente en una mayoría nacional.
Los gobernadores son, en ese escenario, una pieza demasiado importante para dejarla afuera.
La reunión reciente en el Hotel Emperador mostró una fotografía poco habitual: Kicillof, Massa y Máximo Kirchner compartiendo una misma mesa junto a gobernadores como Sergio Ziliotto, Ricardo Quintela, Gildo Insfrán y Gustavo Melella, además de Gerardo Zamora y los jefes de los bloques peronistas del Congreso.
El objetivo inmediato fue encontrar una posición común frente a la reforma electoral que impulsa el Gobierno y, particularmente, frente a la intención de modificar el sistema de PASO de cara a 2027. Pero detrás de esa discusión aparece algo más ambicioso: empezar a reconstruir un espacio opositor con alcance nacional.
Y allí aparece la verdadera dificultad.
Los gobernadores no son simplemente dirigentes que esperan instrucciones de Buenos Aires. Cada uno tiene intereses provinciales, economías diferentes y relaciones particulares con la Casa Rosada. Algunos mantienen posiciones opositoras más claras; otros negocian con el Gobierno nacional según las circunstancias.
Para ellos, acercarse al peronismo no necesariamente significa subirse a una estructura electoral cerrada.
Puede significar conservar capacidad de negociación.
Ese es justamente el terreno que Kicillof, Massa y Zamora parecen querer explorar.
La estrategia también responde a una necesidad evidente del peronismo: ampliar su base más allá de los sectores que históricamente le dieron identidad. La provincia de Buenos Aires sigue siendo su principal territorio electoral, pero una elección presidencial requiere algo bastante más difícil que ganar allí.
Hay que ganar en el resto del país.
Y para eso hacen falta gobernadores, intendentes, legisladores y estructuras provinciales.
La paradoja es que algunos de los mandatarios que podrían resultar fundamentales para esa construcción mantienen una relación mucho más pragmática que ideológica con Milei. No necesariamente quieren quedar pegados a una oposición nacional si eso puede complicar sus propias gestiones.
Por eso el acercamiento deberá ser paciente.
La defensa de las PASO funciona, en ese sentido, como un primer punto de coincidencia. Los dirigentes peronistas reunidos en Buenos Aires acordaron sostenerlas tanto a nivel nacional como en la provincia de Buenos Aires.
Pero la discusión electoral también tiene una dimensión institucional.
Las primarias pueden ser cuestionadas por su costo o por su utilización como mecanismo de competencia interna, pero eliminarlas modifica las reglas con las que los partidos deberán ordenar sus candidaturas. Para una oposición fragmentada, una elección sin PASO podría hacer todavía más complicada la construcción de una candidatura común.
Milei, mientras tanto, tiene otro objetivo: consolidar una estructura política propia y ampliar su presencia territorial. Después de haber llegado a la Presidencia sin contar con gobernadores propios, La Libertad Avanza necesita construir alianzas provinciales si pretende transformar su liderazgo nacional en una fuerza política con mayor despliegue territorial.
Ahí se explica buena parte de la disputa.
No se trata solamente de quién será candidato en 2027.
Se trata de quién consigue organizar el tablero antes de que empiece formalmente la carrera.
El peronismo sabe que no puede limitarse a esperar un desgaste del Gobierno. Necesita ofrecer una alternativa. Y para hacerlo deberá resolver una contradicción que arrastra desde hace años: cómo reunir sectores muy diferentes sin que la búsqueda de unidad termine convirtiéndose nuevamente en una pelea por el liderazgo.
Kicillof representa una generación que busca ocupar un lugar central en el futuro del espacio. Massa conserva experiencia electoral y capacidad de diálogo con sectores económicos y políticos diversos. Zamora aporta una mirada territorial y una relación histórica con gobernadores que no necesariamente responden a la lógica de la interna bonaerense.
Son perfiles distintos.
Precisamente por eso pueden complementarse.
La pregunta es si podrán hacerlo.
Porque el desafío del peronismo ya no consiste únicamente en recomponer su propia interna. También necesita convencer a dirigentes provinciales de que existe un proyecto nacional capaz de convivir con las particularidades de cada territorio.
Y eso exige algo que la política argentina suele administrar con dificultad: tiempo.
Los gobernadores del “medio” no parecen estar esperando que alguien les entregue una bandera. Quieren saber qué se les ofrece, qué margen tendrán y cómo afectará esa alianza a sus propias provincias.
La construcción, por lo tanto, será menos épica y más artesanal.
Reuniones, acuerdos, negociaciones y una buena dosis de paciencia.
Mientras Milei intenta consolidar su propio espacio, el peronismo empieza a entender que para disputar el futuro no alcanza con mirar hacia adentro.
Esta vez, la búsqueda apunta hacia afuera.
Hacia las provincias.
Hacia los gobernadores.
Y, sobre todo, hacia un país que electoralmente es bastante más grande que Buenos Aires.