La primera edición de ADN NQN 26 reunirá desde este jueves y hasta el domingo a arquitectos, diseñadores, urbanistas, artistas y especialistas en tecnología en el Centro de Convenciones Domuyo. Con más de 700 inscriptos y una expectativa de 1.500 visitantes, el encuentro propone algo más que una feria: abrir una conversación sobre cómo se construyen las ciudades y qué tipo de Patagonia se quiere habitar.
Una ciudad también se diseña cuando nadie está mirando. En las calles que se abren, en los edificios que aparecen, en los espacios verdes que sobreviven —o desaparecen— y en las decisiones que determinan hacia dónde crece una ciudad. Neuquén, una de las ciudades que más rápido se transformó en las últimas décadas, empieza a discutir esas preguntas desde otro lugar.
Este jueves comenzará ADN NQN 26, la primera edición de una exposición que durante cuatro días reunirá arquitectura, diseño, arte y urbanismo en el Centro de Convenciones Domuyo. La propuesta es organizada por el Colegio de Arquitectos de la Provincia del Neuquén y tendrá entrada gratuita, con actividades abiertas al público hasta el domingo 30 de agosto.
La expectativa ya es considerable. La organización superó las 700 inscripciones y calcula que más de 1.500 personas pasarán por el encuentro entre profesionales, empresas, estudiantes y público general. Pero el número de visitantes importa menos que las preguntas que aparecen detrás de la agenda.
¿Cómo se construye una ciudad cuando crece a una velocidad que obliga a repensar casi todo? ¿Qué lugar ocupan la sostenibilidad y la eficiencia energética? ¿Cómo puede la tecnología modificar los espacios que habitamos? ¿Y qué significa construir en una Patagonia atravesada por transformaciones económicas, ambientales y demográficas?
ADN Neuquén intenta poner esas cuestiones sobre la mesa.
Las conferencias principales se concentrarán el viernes y el sábado y tendrán invitados de Argentina y otros países. Entre ellos estarán el arquitecto chileno Mathias Klotz, Premio Nacional de Arquitectura de Chile; el diseñador industrial Alejandro Sarmiento; la especialista en urbanismo de género Natalia Czytajlo y el urbanista franco-colombiano Carlos Moreno, conocido por desarrollar el concepto de la “Ciudad de los 15 minutos”.
La diversidad de perfiles no es casual.
Hablar de arquitectura ya no significa solamente discutir edificios. Una ciudad es también movilidad, accesibilidad, energía, patrimonio, tecnología, espacio público y formas de convivencia. Lo que se construye determina, en buena medida, cómo se vive.
El viernes tendrá justamente como ejes la inclusión, el patrimonio y la sostenibilidad. La programación incluye debates sobre urbanismo de género, neuroarquitectura, eficiencia energética, construcción bajo estándares Passivhaus y diseño industrial. También habrá un panel dedicado específicamente a cómo se está construyendo la Patagonia, con la participación de Klotz.
Ese cruce entre arquitectura y territorio resulta especialmente relevante para Neuquén.
La provincia atraviesa una transformación económica impulsada por Vaca Muerta que está modificando el empleo, las inversiones y también la demanda sobre las ciudades. Crecen las necesidades de vivienda, infraestructura, transporte y servicios, mientras el desafío ambiental obliga a pensar cómo acompañar ese proceso sin convertir el crecimiento en una carrera que siempre llega tarde.
Porque crecer no es lo mismo que desarrollarse.
Una ciudad puede sumar edificios y habitantes y, al mismo tiempo, perder espacios públicos, aumentar las distancias, profundizar desigualdades o consumir más recursos de los que puede sostener. La discusión urbana consiste justamente en intentar anticiparse a esos problemas antes de que se conviertan en parte permanente del paisaje.
Por eso resulta interesante que un encuentro de estas características no quede encerrado entre profesionales.
La arquitectura afecta a todos.
La vereda por la que camina una persona mayor, el transporte que utiliza un trabajador, la plaza donde juegan los chicos, el acceso a una vivienda, la cantidad de árboles de una calle o la posibilidad de cruzar una avenida de manera segura también son decisiones sobre arquitectura y urbanismo.
Muchas veces esas decisiones parecen pequeñas hasta que se acumulan.
Una ciudad se transforma así: no solamente mediante las grandes obras que aparecen en los diarios, sino también mediante miles de decisiones cotidianas que determinan quién puede acceder a determinados espacios, cuánto tarda alguien en llegar a su trabajo o cuánto tiempo permanece una familia dentro de un ambiente confortable durante un invierno patagónico.
La sostenibilidad, en ese sentido, tampoco debería quedar reducida a una palabra de moda.
Construir mejor significa pensar cuánto consume un edificio, qué materiales utiliza, cómo se aprovecha la luz natural, qué relación mantiene con el clima y cuánto costará mantenerlo durante las próximas décadas. En una región con condiciones ambientales particulares, esas preguntas tienen una dimensión económica además de ecológica.
La incorporación de inteligencia artificial y nuevas tecnologías abre otra discusión.
Las herramientas digitales pueden cambiar la forma en que se diseñan edificios, se planifican ciudades y se administran recursos. Pero la tecnología no decide por sí sola qué ciudad queremos. Puede ayudar a resolver problemas, detectar patrones o imaginar escenarios; la decisión sobre qué priorizar sigue siendo humana.
Ahí aparece quizás el aspecto más interesante de ADN NQN 26.
No se trata solamente de mostrar lo que la arquitectura ya sabe hacer. Se trata de discutir qué debería hacer frente a una Patagonia que está cambiando.
El encuentro llega en un momento en que Neuquén busca consolidar su crecimiento y, al mismo tiempo, construir una identidad urbana propia. Una ciudad que ya no es solamente un punto de paso hacia la cordillera ni la capital administrativa de una provincia petrolera, sino un territorio cada vez más complejo, con nuevas demandas y una población que necesita espacios capaces de acompañar esa transformación.
Durante cuatro días, arquitectos, diseñadores, urbanistas y ciudadanos podrán discutir esas preguntas.
No todas tendrán una respuesta inmediata. Probablemente sea mejor así.
Las ciudades que se planifican demasiado convencidas de tener todas las respuestas suelen descubrir sus errores cuando ya están construidas.
Pensar antes de levantar una pared, entonces, no es una demora.
Es una forma de construir futuro.
Y ADN Neuquén puede servir justamente para eso: mirar la ciudad que existe, imaginar la que viene y preguntarse, antes de que el crecimiento decida por nosotros, cómo queremos habitar la Patagonia.