La Selección Argentina venció 1-0 a Australia en una semifinal cerrada y consiguió el pase a la final del Mundial de Hockey 2026. El sábado enfrentará a Países Bajos, número uno del mundo y tricampeón vigente, en un nuevo capítulo del gran clásico del hockey femenino.
Hay partidos que se ganan con goles. Y hay otros que se ganan también con paciencia, concentración y la capacidad de resistir cuando el rival decide jugarse todo.
Las Leonas hicieron las dos cosas.
Argentina derrotó 1-0 a Australia en las semifinales del Mundial de Hockey 2026 y se metió nuevamente en la definición del torneo. No necesitó una goleada ni una exhibición ofensiva. Le alcanzó con insistir durante tres cuartos, encontrar una jugada preparada cuando el partido parecía cerrado y después sostener la ventaja hasta el último segundo.
El equipo dirigido por Fernando Ferrara asumió el protagonismo a partir del segundo cuarto frente a una Australia que eligió una estructura defensiva firme. Las argentinas tuvieron oportunidades, pero el gol se hizo esperar. El palo, la arquera australiana y algunos córners cortos desperdiciados parecían estirar una semifinal que se jugaba más con los nervios que con el marcador.
La insistencia finalmente tuvo premio.
A falta de 13 minutos para el final, después de dos córners cortos que fueron controlados por Australia y una revisión de una posible infracción dentro del área, el cuerpo técnico argentino recurrió a una jugada preparada. La maniobra logró desarmar el bloqueo rival y Julieta Jankunas apareció para definir y poner el 1-0.
Fue el tipo de gol que explica por qué en los grandes torneos los detalles pesan tanto como el talento.
Argentina había dominado buena parte del encuentro, pero necesitaba convertir esa superioridad en algo concreto. Jankunas lo hizo en el momento justo.
Después llegó otra parte del trabajo.
Australia abandonó su postura más conservadora y se lanzó en busca del empate. Las oceánicas dispusieron de dos córners cortos consecutivos a siete minutos del final y tuvieron una oportunidad que pudo cambiar la historia de la semifinal.
Pero apareció Belén “China” Cosentino.
La arquera argentina realizó una atajada decisiva para desviar un remate que parecía dirigirse hacia el ángulo y sostuvo la diferencia hasta el cierre. La defensa hizo el resto. No hubo espacio para relajarse ni para regalar una pelota.
El 1-0 quedó sellado.
Y con él llegó una nueva final mundial para Las Leonas.
El rival será nada menos que Países Bajos, el seleccionado que ocupa el primer puesto del ranking mundial y que llega como tricampeón vigente. Las neerlandesas también ganaron su semifinal por 1-0, en este caso frente a Bélgica, y alcanzaron su octava final mundialista consecutiva.
La dimensión del desafío está ahí.
Argentina no enfrentará solamente a un equipo poderoso. Tendrá enfrente a la selección que durante los últimos años construyó una hegemonía difícil de discutir en el hockey femenino internacional.
Pero justamente por eso el partido tiene un atractivo especial.
Argentina y Países Bajos se conocen demasiado. Se han enfrentado en finales, semifinales y partidos decisivos durante años. Son dos selecciones que representan buena parte de la historia reciente de este deporte y que vuelven a encontrarse cuando hay un título mundial en juego.
Para Las Leonas, llegar a esta instancia también confirma la permanencia de una tradición deportiva que excede a una generación determinada.
El hockey argentino femenino construyó hace décadas una identidad propia. El apodo Las Leonas nació en torno a una forma de competir que combinó talento, intensidad y una capacidad particular para convertir partidos difíciles en noches inolvidables. Con el paso de los años cambiaron las jugadoras, los entrenadores y los estilos, pero la camiseta siguió ocupando un lugar especial dentro del deporte argentino.
Ahora aparece otra oportunidad.
No será sencillo.
Países Bajos llega con el peso de ser el mejor equipo del mundo y con una continuidad que pocas selecciones pueden igualar. Argentina, en cambio, llega después de superar a Australia en una semifinal de enorme exigencia y con la confianza que otorga haber encontrado respuestas cuando el partido pedía paciencia.
La final no se decidirá por la historia ni por los rankings.
Se jugará en la cancha.
Y probablemente vuelva a ser un partido de detalles: un córner corto, una defensa bien ubicada, una atajada en el momento exacto o una jugada preparada capaz de romper un partido cerrado.
Las Leonas ya demostraron que pueden sobrevivir a ese tipo de escenarios.
Ahora tendrán que hacer algo todavía más difícil: encontrar la manera de quedarse con la copa.
El sábado habrá otra página para una rivalidad que ya forma parte de la historia del hockey mundial. Argentina buscará interrumpir la hegemonía neerlandesa y levantar nuevamente el trofeo.
Del otro lado habrá una selección acostumbrada a las finales.
En el medio, una cancha y 60 minutos para decidir quién escribe el próximo capítulo.
Las Leonas ya hicieron el trabajo más urgente: llegar hasta el último partido. Ahora queda el desafío mayor, ese que convierte una buena campaña en una historia para recordar: vencer al número uno del mundo y volver a poner a Argentina en la cima del hockey femenino.