La mora empresarial se dispara y deja a miles de pymes al límite

En este momento estás viendo La mora empresarial se dispara y deja a miles de pymes al límite
  • Categoría de la entrada:Actualidad
  • Tiempo de lectura:4 minutos de lectura

Casi 37.500 empresas tienen deudas financieras en mora, mientras que el encarecimiento del crédito, la caída del consumo y el avance de las importaciones profundizan las dificultades para sostener la actividad.

La crisis de endeudamiento que atraviesa la economía argentina ya no se limita a los hogares. También golpea con fuerza a las empresas, especialmente a las pequeñas y medianas. Según un informe de Equilibra basado en datos del Banco Central, casi 37.500 compañías tienen actualmente deudas financieras en mora, más del doble que hace dos años.

El deterioro se vuelve todavía más evidente al observar la proporción del crédito empresarial con atrasos superiores a 90 días. En noviembre de 2024 representaba el 0,7% y en julio de 2026 llegó al 3,7%, un salto de más de cinco veces en apenas veinte meses. Entre las pymes con menor nivel de endeudamiento, la mora alcanza el 9,3%.

La situación no afecta de la misma manera a todos los sectores. La construcción registra una mora del 7,7% y el comercio llega al 6,5%, mientras que las actividades textiles y del cuero presentan uno de los niveles más elevados, con el 14,6%. En paralelo, la industria cayó 4,9% interanual en julio y la construcción retrocedió 4,5%, dos señales de un mercado interno que continúa bajo presión.

El problema tiene varias caras. Para muchas empresas, vender menos significa disponer de menos dinero para afrontar salarios, proveedores, impuestos y préstamos. A eso se suma el costo financiero: las tasas elevadas encarecen el capital de trabajo y hacen que una deuda tomada para atravesar un momento difícil pueda transformarse rápidamente en otra carga imposible de sostener.

La política monetaria impulsada por Luis Caputo y Santiago Bausili también aparece en el centro de la discusión. El aumento de las tasas buscó contener las presiones cambiarias y sostener el atractivo de las colocaciones en pesos, pero para las empresas que necesitan financiamiento el efecto es diferente: cada peso prestado cuesta más y el margen para producir y vender se reduce.

A este escenario se suma la apertura importadora. Con un mercado interno debilitado y un tipo de cambio que abarata determinados productos provenientes del exterior, las empresas locales deben competir mientras enfrentan costos internos que no necesariamente bajan al mismo ritmo. Para sectores industriales y comerciales, esa combinación puede convertirse en una presión adicional sobre ventas y rentabilidad.

Las pequeñas empresas son las que quedan más expuestas. La cantidad de pymes con avales de Sociedades de Garantía Recíproca que entraron en mora pasó de 3.354 a 9.679. Además, los datos muestran que las firmas más pequeñas concentran una proporción mucho mayor de incumplimientos pese a recibir una porción muy reducida del financiamiento total.

La tensión también aparece en la cadena de pagos. En julio fueron rechazados 161.831 cheques, un 9,6% más que un año antes. Dentro de ese número, casi 98.000 fueron rechazados por falta de fondos, con un incremento interanual del 25,8%. Cuando una empresa no puede pagar, el problema rápidamente se traslada a otra que esperaba ese dinero para cumplir con sus propias obligaciones.

Los bancos, por ahora, mantienen niveles de cobertura y solvencia que permiten absorber parte del deterioro. Pero que el sistema financiero pueda soportar los créditos impagos no significa que el entramado productivo pueda hacerlo indefinidamente. Detrás de cada deuda hay una empresa que necesita vender, producir y pagar para seguir funcionando.

La discusión sobre la morosidad, entonces, excede las estadísticas bancarias. El desafío es evitar que la deuda se convierta en una cadena que termine comprometiendo la continuidad de miles de pequeñas empresas y los puestos de trabajo que dependen de ellas. Cuando el crédito deja de ser una herramienta para producir y pasa a utilizarse para sobrevivir, la señal ya no es solamente financiera: también habla de la salud de la economía real.