La declaración final de la reunión de Madrid fue aprobada por los 22 países, pero Argentina, Colombia, Costa Rica y Paraguay rechazaron expresamente uno de sus párrafos sobre coerción y medidas contrarias al derecho internacional. Las diferencias también alcanzaron los acuerdos sobre inteligencia artificial, género y cooperación regional.
La XXX Cumbre Iberoamericana, celebrada en Madrid, consiguió cerrar con una declaración conjunta después de las dificultades que habían impedido alcanzar un documento común en la edición anterior, realizada en Ecuador en 2024. Sin embargo, el consenso alcanzado estuvo lejos de representar una posición unánime. Argentina, Colombia, Costa Rica y Paraguay dejaron constancia de su desacuerdo con uno de los puntos centrales del texto, que rechaza la coerción entre Estados y la aplicación de medidas contrarias al derecho internacional.
El párrafo cuestionado sostiene que los países rechazan las acciones que vulneren la Carta de las Naciones Unidas y que obstaculicen la capacidad de los Estados para atender sus necesidades y prioridades de desarrollo. Los cuatro gobiernos decidieron disociarse formalmente de ese apartado, una fórmula diplomática que les permitió expresar su posición sin bloquear la aprobación de la declaración completa.
La decisión no apareció aislada. Una semana antes, los mismos cuatro países habían votado en contra de una resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas que cuestionaba el bloqueo de Estados Unidos contra Cuba. En aquella votación del 28 de octubre, la iniciativa obtuvo 130 votos favorables, 17 en contra y 25 abstenciones. La coincidencia entre ambos episodios volvió a mostrar las diferencias que atraviesan a los gobiernos latinoamericanos frente a la política exterior estadounidense y el principio de no intervención.
La posición argentina se inscribe en el alineamiento internacional impulsado por el gobierno de Javier Milei, que mantiene una relación estrecha con Washington y ha expresado diferencias con buena parte de las posiciones diplomáticas tradicionales de la región. Colombia, Costa Rica y Paraguay también se apartaron del párrafo, aunque sus decisiones responden a contextos políticos y diplomáticos propios.
Las diferencias no se limitaron a la declaración general. Argentina y Paraguay tampoco acompañaron la creación de la Alianza Iberoamericana de Inteligencia Artificial, una iniciativa destinada a coordinar capacidades tecnológicas, facilitar el acceso a infraestructura de computación y promover herramientas adaptadas a las lenguas y necesidades de los países de la región. El proyecto fue aprobado con adhesiones voluntarias, por lo que la ausencia de algunos gobiernos no impidió su puesta en marcha.
Argentina también se desvinculó de otros acuerdos vinculados con la movilidad académica y las políticas de cuidados y apoyos. Esos instrumentos buscan facilitar intercambios entre universidades, reconocer trayectorias educativas y fortalecer sistemas de atención y acompañamiento. En paralelo, Paraguay manifestó reservas sobre el lenguaje referido a la igualdad de género y señaló que lo interpreta de acuerdo con su propia Constitución.
Pese a las diferencias, la cumbre consiguió avanzar en otros mecanismos de cooperación. Los 22 países respaldaron la creación de una Red Iberoamericana de Reducción del Riesgo de Desastres y Protección Civil, que apunta a mejorar la prevención, los sistemas de alerta temprana y la respuesta coordinada ante emergencias. También se aprobaron iniciativas para facilitar la movilidad académica y fortalecer políticas de cuidados.
El resultado fue presentado por el secretario general iberoamericano, Andrés Allamand, como una muestra de que la comunidad puede sostener espacios de diálogo aun cuando sus integrantes mantienen posiciones ideológicas distintas. El funcionario consideró normal que algunos países expresen desacuerdos particulares cuando existe coincidencia sobre los aspectos centrales de una declaración.
La diplomacia española también destacó que se haya conseguido un texto común. La cumbre de 2024 había terminado sin una declaración final consensuada, en medio de fuertes diferencias sobre Cuba. Esta vez, las negociaciones permitieron encontrar una fórmula que evitó repetir aquel desenlace, aunque el documento reflejó las limitaciones de una región atravesada por prioridades políticas cada vez más divergentes.
La reunión de Madrid dejó así una doble señal. Por un lado, los países iberoamericanos conservaron la capacidad de acordar instrumentos de cooperación en áreas como tecnología, educación, prevención de desastres y políticas sociales. Por otro, las diferencias sobre soberanía, relaciones internacionales y derechos evidenciaron que el consenso regional ya no puede darse por descontado.
En un escenario internacional marcado por la competencia entre potencias y la fragmentación de los espacios multilaterales, la cumbre logró mantener abierta una mesa común. Pero las disidencias registradas en su declaración muestran que compartir un ámbito de diálogo no significa necesariamente compartir una misma mirada sobre el mundo.