Desde hace más de 30 años, Blanca Guzmán elabora de manera artesanal mote y ñaco en Andacollo, preservando recetas heredadas de sus abuelos y una tradición profundamente ligada a la identidad del norte neuquino. Su trabajo mantiene vigente una costumbre que durante generaciones acompañó la alimentación de crianceros, arrieros y familias de la región.
La historia de Blanca comenzó mucho antes de convertir esta actividad en un emprendimiento.
Nacida en Ranquileo, cerca de Las Ovejas, aprendió el oficio de sus abuelos, quienes preparaban estos alimentos para el consumo familiar. Con el paso del tiempo transformó ese conocimiento en una producción artesanal que hoy sigue siendo muy valorada por los vecinos de Andacollo.
Para elaborar el mote utiliza trigo proveniente de Chos Malal y respeta el proceso tradicional, que requiere largas horas de cocción, lavado y secado antes del envasado. Durante el verano, cuando aumenta la demanda, llega a preparar hasta 22 bolsas por semana, que suelen venderse el mismo día debido a su frescura.
El mote, elaborado con granos de trigo cocidos y pelados, es uno de los alimentos más representativos de la gastronomía neuquina. Puede consumirse con agua y azúcar, con leche o incorporarse a distintas preparaciones típicas de la región.
Junto al mote, Blanca también produce ñaco, una harina de trigo tostado y molido que durante siglos fue una fuente de energía para arrieros y pobladores del norte provincial. Tradicionalmente se consume con leche, vino o cerveza y forma parte de antiguas recetas que aún sobreviven en la memoria de las comunidades cordilleranas.
Aunque su producción es artesanal y de pequeña escala, cada elaboración encuentra rápidamente compradores habituales. Más que un alimento, el trabajo de Blanca representa la conservación de un patrimonio cultural transmitido de generación en generación, manteniendo vivas las costumbres y los sabores que forman parte de la identidad del norte neuquino.