Desempleo y changas: la vida cotidiana de quienes intentan sobrevivir en el Conurbano

En este momento estás viendo Desempleo y changas: la vida cotidiana de quienes intentan sobrevivir en el Conurbano

Un relevamiento realizado en un comedor de Florencio Varela muestra una realidad atravesada por el desempleo, la informalidad y la incertidumbre. La mayoría de las personas consultadas busca ingresos estables, pero señala que la principal dificultad es, justamente, encontrar trabajo.

Hay momentos en los que la economía deja de ser una discusión sobre porcentajes y empieza a medirse de una manera mucho más sencilla: cuánto dinero queda, cuánto falta y qué se puede hacer mañana.

En un comedor de Florencio Varela, un relevamiento permite observar esa realidad desde la vida cotidiana de personas que enfrentan dificultades para conseguir ingresos estables. El desempleo aparece como la situación laboral más frecuente, mientras que las changas se convierten en una herramienta para resolver las necesidades inmediatas.

El 45% de las personas encuestadas está desocupada. Otro 32% depende de changas, mientras que el 9% tiene un trabajo informal y apenas el 5% cuenta con un empleo formal. Un 7% se dedica principalmente a las tareas de cuidado del hogar y el 2% tiene un emprendimiento propio.

El dato más fuerte no está solamente en la cantidad de personas sin empleo formal, sino en lo que significa vivir sin una fuente de ingresos previsible.

Para quienes realizan changas, ese trabajo ocasional no funciona como un ingreso complementario. Es, directamente, la principal manera de conseguir dinero.

La diferencia parece pequeña en una estadística, pero cambia completamente la vida cotidiana. No es lo mismo hacer una changa para sumar unos pesos al salario que depender de conseguir una cada vez que hace falta pagar comida, transporte, servicios o cualquier otro gasto.

En ese escenario, el futuro queda inevitablemente más cerca.

Cuando se preguntó qué harían si perdieran el ingreso que tienen actualmente, el 43% respondió que buscaría una changa, mientras que el 33% saldría directamente a buscar trabajo. Apenas el 7% cuenta con ahorros para afrontar una emergencia.

La changa aparece así como una respuesta inmediata frente a una situación que no espera.

No hay demasiado margen para planificar.

Hay que resolver.

Y esa lógica también aparece cuando las personas consultadas hablan de lo que quieren para mejorar su situación. El 39% señala que busca alcanzar ingresos estables y el 37% aspira a emprender. Otro 17% quisiera conseguir un mejor trabajo y apenas el 7% considera prioritaria la capacitación.

No parece faltar voluntad.

De hecho, las expectativas están bastante claras.

El problema aparece cuando se pregunta qué hace falta para alcanzar esos objetivos.

El 57% identifica la falta de trabajo como el principal obstáculo. El 30% menciona la falta de apoyo, el 26% la capacitación y el 15% el acceso al crédito. En esta última pregunta podían elegirse varias opciones.

La escena que aparece detrás de esos porcentajes es la de personas que quieren modificar su situación, pero encuentran pocas herramientas para hacerlo.

Y allí la discusión sobre el empleo adquiere otra dimensión.

No se trata solamente de tener o no tener un puesto registrado. También está en juego la posibilidad de proyectar.

Un ingreso estable permite organizar gastos, pensar en una capacitación, planificar un emprendimiento o simplemente atravesar el mes sin que cada imprevisto se convierta en un problema mayor.

La incertidumbre aparece con fuerza cuando las personas consultadas miran hacia adelante.

Al comparar su situación actual con la de hace dos años, el 39% afirma estar igual, el 35% considera que está mejor y el 26% cree que está peor. Pero cuando la pregunta se traslada a los próximos doce meses, la respuesta más frecuente es otra: el 43% no sabe cómo estará.

El 28% espera mejorar, el 17% cree que permanecerá igual y el 11% anticipa un empeoramiento.

Es un dato revelador.

La incertidumbre no necesariamente significa pesimismo. Significa no saber qué viene.

Para una persona que depende de changas, esa incertidumbre puede tener una dimensión especialmente concreta: no saber cuánto dinero entrará la semana siguiente.

A las dificultades laborales se suma otra brecha que empieza a definir el presente y, sobre todo, puede condicionar el futuro: el acceso a la inteligencia artificial.

Mientras la IA ocupa un lugar cada vez mayor en las discusiones sobre el mundo del trabajo, una parte importante de las personas relevadas todavía permanece al margen de esa transformación.

El 31% no sabe qué es la inteligencia artificial y otro 33% escuchó hablar de ella, pero nunca la utilizó. En conjunto, el 64% no tuvo una experiencia concreta con esta tecnología. Solo el 20% la utilizó alguna vez y el 16% afirma hacerlo habitualmente.

La distancia tecnológica, sin embargo, no significa falta de interés.

Cuando se pregunta para qué utilizarían la inteligencia artificial, el 42% responde que la usaría para trabajar. Otro 29% la utilizaría para estudiar y el 24% para realizar trámites. El entretenimiento queda relegado al 7%.

La respuesta resulta significativa.

Para quienes están afuera de un mercado laboral estable, la tecnología no aparece principalmente como una curiosidad. Aparece como una posible herramienta para conseguir oportunidades.

El problema es que para aprovechar una herramienta primero hay que tener acceso a ella, conocerla y contar con las condiciones necesarias para utilizarla.

La fotografía que surge del relevamiento combina dos tiempos.

Por un lado, un presente marcado por el desempleo y la necesidad de conseguir ingresos día a día.

Por otro, un futuro tecnológico que promete transformar el trabajo, pero que todavía parece distante para buena parte de quienes más necesitan nuevas oportunidades.

En el medio quedan las personas.

Personas que no necesariamente dejaron de tener proyectos. Que quieren ingresos estables, emprender, conseguir un mejor trabajo o capacitarse. Pero que señalan una dificultad elemental: falta trabajo.

Esa diferencia entre querer avanzar y encontrar las herramientas para hacerlo es probablemente una de las claves de los datos.

Porque detrás de una changa hay una estrategia para sobrevivir.

Detrás del desempleo hay una búsqueda.

Y detrás de la incertidumbre hay una pregunta que todavía no tiene respuesta: cuándo llegará una oportunidad capaz de permitir que el esfuerzo deje de servir solamente para atravesar el día y vuelva a servir también para construir el siguiente.