El empleo formal vuelve a encender las alarmas: se perdieron casi 30 mil puestos en abril

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Los datos oficiales muestran una nueva caída del trabajo registrado, con retrocesos en el sector privado y entre monotributistas. La recuperación económica todavía no logra traducirse en más empleo de calidad.

La economía argentina puede mostrar algunos números que entusiasman en los despachos oficiales, pero el mercado laboral sigue escribiendo una historia diferente. En abril, el empleo formal volvió a retroceder: se perdieron cerca de 28.000 puestos registrados en un solo mes, una señal que vuelve a poner en discusión una de las grandes promesas del Gobierno de Javier Milei: que la estabilización macroeconómica sería el camino hacia una recuperación del trabajo.

Según los datos de la Secretaría de Trabajo, elaborados sobre la base del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), en abril había alrededor de 12,7 millones de trabajadores registrados, lo que implicó una baja mensual del 0,2%. La caída estuvo impulsada principalmente por el empleo asalariado privado, que volvió a reducirse y acumula meses consecutivos de retroceso.

El mapa laboral muestra una Argentina con distintas velocidades. Mientras algunos sectores vinculados a la energía, la minería o actividades exportadoras muestran dinamismo, las ramas que históricamente concentran gran cantidad de trabajadores —como industria, comercio y servicios— siguen atravesando dificultades. La pérdida de empleos formales no solo representa una estadística: detrás de cada puesto que desaparece hay una familia que reorganiza sus ingresos, una empresa que reduce su estructura o una persona que busca nuevas formas de sostenerse.

Uno de los datos más llamativos es que la caída no quedó limitada al empleo privado tradicional. También retrocedieron modalidades independientes como el monotributo, una categoría que en los últimos años funcionó muchas veces como refugio frente a la falta de oportunidades laborales estables. En abril, incluso ese sector mostró una disminución, después de haber sido una vía de absorción para trabajadores expulsados de otras formas de empleo.

Desde el Gobierno sostienen que el orden fiscal, la baja de la inflación y la recuperación de la actividad sentarán las bases para una nueva etapa de crecimiento. Sin embargo, la experiencia cotidiana de muchos trabajadores plantea una pregunta incómoda: ¿cuánto tarda la mejora de las variables macroeconómicas en llegar a la mesa de los hogares?

El empleo formal no es solamente un indicador económico. También es acceso a derechos, previsibilidad y una red de protección social. Por eso, la discusión no pasa únicamente por cuántos puestos se crean o se destruyen, sino por qué tipo de trabajo logra generar una economía. Un país puede recuperar algunos equilibrios financieros, pero si esa recuperación no abre puertas para quienes buscan un empleo digno, la distancia entre los números y la vida real seguirá siendo uno de los grandes desafíos pendientes.