El indicador de JP Morgan llegó a las 925 unidades el jueves 5 de noviembre, su nivel más alto en más de un año. La caída de los bonos argentinos y el retroceso de las acciones reflejaron la creciente cautela de los inversores, en un escenario atravesado por las dudas sobre el financiamiento externo y la continuidad del programa económico.
La deuda argentina volvió a quedar bajo presión y el riesgo país superó los 900 puntos básicos, una señal de las dificultades que enfrenta el Gobierno de Javier Milei para recuperar la confianza de los mercados internacionales. El indicador elaborado por JP Morgan alcanzó las 925 unidades durante la jornada del jueves 5 de noviembre, después de haber cerrado el día anterior en 852 puntos.
El salto profundizó una tendencia que se viene desarrollando desde julio, cuando el índice había tocado un mínimo de 402 puntos. En menos de cuatro meses, el riesgo país más que se duplicó y volvió a ubicarse en valores que no se registraban desde octubre de 2025, cuando superaba las mil unidades.
El movimiento estuvo acompañado por una nueva caída de los bonos soberanos en dólares, que registraron retrocesos de entre el 2% y el 3% en distintos vencimientos. También se sumaron las bajas de las acciones argentinas que cotizan en Wall Street y del índice S&P Merval, que durante la jornada llegó a retroceder más del 3% medido en dólares.
El riesgo país mide la diferencia entre el rendimiento que ofrecen los títulos de deuda de un Estado y los bonos del Tesoro estadounidense, utilizados como referencia internacional. Cuando el indicador sube, significa que los inversores exigen una mayor compensación para asumir el riesgo de prestarle dinero a ese país. En consecuencia, el acceso al financiamiento externo se vuelve más costoso y complejo.
Para la estrategia económica de Luis Caputo, el deterioro representa un obstáculo importante. El ministro tiene entre sus objetivos centrales recuperar el acceso de la Argentina a los mercados voluntarios de crédito y conseguir financiamiento para afrontar los compromisos de deuda. Sin embargo, con tasas exigidas cada vez más elevadas, una eventual colocación de bonos en condiciones sostenibles queda condicionada por el comportamiento de los mercados.
La situación también está vinculada con las necesidades de dólares que deberá afrontar el país durante los próximos meses. Entre los compromisos más relevantes aparecen los vencimientos con organismos internacionales y los pagos a bonistas previstos para enero. Las estimaciones sobre las obligaciones externas de 2027 agregan presión a una economía que todavía necesita consolidar sus reservas y garantizar los recursos para cumplir con el calendario financiero.
El escenario internacional aportó otro elemento de incertidumbre. La jornada estuvo marcada por fuertes caídas en Wall Street, especialmente en las empresas tecnológicas, ante las dudas de los inversores sobre las valuaciones y los niveles de inversión vinculados con la inteligencia artificial. El retroceso de los mercados globales impactó sobre los activos argentinos, que suelen reaccionar con mayor intensidad frente a los movimientos de aversión al riesgo.
Sin embargo, el deterioro de los bonos locales no comenzó con ese episodio. La tendencia negativa ya se había profundizado durante los meses anteriores, incluso en jornadas en las que los mercados internacionales mostraban un comportamiento favorable. Por eso, distintos análisis financieros también señalaron factores internos, entre ellos la incertidumbre política de cara a las elecciones presidenciales de 2027 y las dudas sobre la continuidad del programa económico.
El resultado de las elecciones de medio término en Estados Unidos sumó interrogantes sobre el escenario político internacional y el respaldo que Washington podría ofrecer a la administración argentina. La derrota de Donald Trump fue seguida con atención por los mercados, aunque los especialistas también remarcaron que el comportamiento de la deuda local responde a factores propios y a una tendencia que venía desarrollándose desde julio.
La evolución de las reservas, el equilibrio fiscal y la estabilidad cambiaria forman parte de los elementos que los inversores observan para evaluar la capacidad de pago del país. Aunque el Gobierno mantiene el superávit de las cuentas públicas y el Banco Central continúa con su estrategia de compras de divisas, esos indicadores no alcanzaron para revertir el deterioro de las cotizaciones de los bonos.
La distancia entre el objetivo oficial de normalizar el financiamiento externo y la respuesta de los mercados vuelve a quedar expuesta. El Gobierno necesita demostrar que puede sostener el equilibrio macroeconómico, acumular reservas y afrontar los vencimientos sin depender de nuevos mecanismos extraordinarios de asistencia.
El riesgo país no determina por sí solo el futuro de la economía ni anticipa automáticamente un incumplimiento de deuda. Pero su evolución funciona como una señal sobre el costo que los mercados asignan al financiamiento argentino. Con el indicador nuevamente por encima de los 900 puntos, la administración de Milei enfrenta el desafío de recuperar la confianza de los inversores mientras se acerca un calendario de pagos exigente y crecen las preguntas sobre la sostenibilidad financiera del programa económico.