Europa vuelve a cerrar una puerta y Santa Fe siente el impacto antes que nadie

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Una nueva regulación ambiental de la Unión Europea amenaza con dejar afuera al biodiésel argentino del mercado europeo. La medida golpea de lleno al complejo agroexportador santafesino y abre otra tensión entre comercio internacional y proteccionismo verde.

La Unión Europea volvió a encender una alarma en la agroindustria argentina.

Una nueva normativa ambiental podría restringir el ingreso del biodiésel elaborado con soja al bloque europeo.

Y el golpe tendría un epicentro claro.

Santa Fe.

La provincia concentra la mayor parte de la producción y exportación de biodiésel del país.

Por eso cualquier cambio en Bruselas se traduce rápidamente en preocupación sobre el río Paraná.

Según estimaciones del sector, la eventual pérdida de ese mercado podría poner en riesgo exportaciones por unos 350 millones de dólares anuales.

El problema gira alrededor de una nueva clasificación impulsada por la Comisión Europea.

La soja comenzó a ser observada bajo criterios ambientales más estrictos vinculados al uso del suelo y al impacto indirecto sobre la deforestación.

En los papeles, la discusión parece técnica.

En la práctica, el conflicto es profundamente político.

En Argentina, varios sectores interpretan que detrás del argumento ecológico también hay una defensa del mercado interno europeo frente a competidores más eficientes.

No sería la primera vez.

Desde hace años, las exportaciones argentinas de biocombustibles conviven con barreras comerciales que suelen llegar envueltas en lenguaje ambiental.

Santa Fe ya empezó a mover fichas.

El gobierno provincial y las cámaras empresarias trabajan junto a Cancillería para intentar frenar un cierre que pondría en tensión empleo, inversiones y una de las cadenas industriales más importantes del interior productivo.

La situación expone una contradicción difícil de ignorar.

Mientras Europa exige estándares ambientales más altos, también sostiene políticas que muchas veces dejan a países periféricos compitiendo en condiciones desiguales.

La transición verde, en algunos casos, empieza a parecerse demasiado a una nueva forma de protección económica.

Para la Argentina, el debate va más allá del biodiésel.

Lo que está en juego es cómo insertarse en un mundo donde las reglas comerciales ya no se escriben solamente con aranceles.

Ahora también se redactan con criterios climáticos.

Y en ese nuevo tablero, una decisión tomada a miles de kilómetros puede sentirse primero en una planta industrial del interior santafesino.