Donald Trump informó un alto el fuego de diez días entre Israel y Líbano. La pausa busca frenar una escalada que amenazaba con extender aún más la inestabilidad regional, aunque la fragilidad del acuerdo deja más preguntas que certezas.
Donald Trump anunció en las últimas horas un alto el fuego de diez días entre Israel y Líbano.
Según la Casa Blanca, la tregua comenzará de manera inmediata y fue acordada después de conversaciones con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y el presidente libanés Joseph Aoun.
El acuerdo aparece como un intento de contener una crisis que venía creciendo en la frontera sur del Líbano.
Durante las últimas semanas, los enfrentamientos entre Israel y Hezbollah volvieron a encender una zona que hace años vive al borde de una guerra más amplia.
La tregua, sin embargo, llega con límites evidentes.
Israel dejó en claro que mantendrá presencia militar en parte del sur libanés y que se reserva la posibilidad de responder si considera que existe una amenaza.
Eso convierte al acuerdo en una pausa.
No necesariamente en una solución.
Para Washington, el anuncio también tiene un peso político.
Trump busca mostrar capacidad de mediación en una región donde Estados Unidos perdió influencia directa en los últimos años y donde cada gesto diplomático tiene impacto global.
Pero en Medio Oriente los anuncios suelen durar menos que los conflictos.
Y muchas veces las treguas funcionan como un respiro antes de una nueva ronda de violencia.
Líbano recibe el cese del fuego con alivio.
Aunque también con cautela.
Porque en una región acostumbrada a convivir con la incertidumbre, diez días pueden parecer mucho.
O apenas un intervalo entre dos incendios.