La interna libertaria volvió a atravesar el área de comunicación. Según La Política Online, Karina Milei desplazó a Santiago Caputo de la conducción directa de la estrategia comunicacional y fortaleció el rol de Leonardo Oría, un cineasta cercano a su círculo, que ahora coordina un equipo de unas 70 personas dedicado a producir contenidos y reconstruir la imagen presidencial.
La comunicación del Gobierno de Javier Milei vuelve a mostrar que, dentro del oficialismo, también se disputa poder detrás de las cámaras.
Mientras la Casa Rosada enfrenta dificultades para sostener la imagen presidencial y ordenar el mensaje de sus distintas tribus digitales, Karina Milei decidió profundizar su control sobre una estructura que considera clave: la producción de contenidos políticos para las redes.
El movimiento tiene como protagonista a Leonardo Oría, un cineasta que responde al entorno de la secretaria general de la Presidencia y que pasó a manejar un equipo de aproximadamente 70 personas. Su tarea consiste en producir contenidos, coordinar las distintas cuentas vinculadas al oficialismo y trabajar sobre la imagen de Javier Milei.
El cambio también implica un desplazamiento de Santiago Caputo, una de las figuras que durante buena parte de la gestión tuvo influencia decisiva sobre la comunicación política del Gobierno.
La interna no es nueva.
Desde el comienzo de la administración libertaria, la comunicación oficial estuvo atravesada por diferentes espacios de poder. Voceros, asesores, influencers y militantes digitales fueron ocupando lugares de creciente importancia en una estrategia política que encontró en las redes sociales una de sus principales herramientas.
Las llamadas Fuerzas del Cielo representan justamente una parte de ese universo.
El grupo reúne a jóvenes militantes e influencers que construyeron buena parte de su identidad política alrededor de la defensa de Milei y de una comunicación agresiva contra sus adversarios. Durante un tiempo, ese ecosistema digital funcionó como una suerte de fuerza de choque comunicacional del oficialismo.
Pero ahora Karina parece querer ordenar la tropa.
El desembarco de Oría apunta a centralizar la producción y a establecer una conducción más directa sobre los contenidos que circulan en redes. La intención, según la información publicada, es recuperar una imagen presidencial que viene enfrentando dificultades.
La apuesta tiene lógica desde la perspectiva del Gobierno.
Milei construyó buena parte de su identidad política antes de llegar a la Casa Rosada a través de la televisión, YouTube y las redes sociales. Su estilo comunicacional fue una herramienta central para convertirlo en una figura política nacional.
Pero esa misma estrategia tiene un problema: cuando la comunicación se convierte en el principal campo de batalla, cualquier desorden interno termina siendo visible.
Y el oficialismo viene acumulando varios.
Las disputas entre influencers libertarios, las diferencias entre funcionarios y las peleas dentro de las propias redes han dejado de ser simples discusiones virtuales. En un Gobierno donde X, TikTok, Instagram y otras plataformas ocupan un lugar central, una pelea digital puede convertirse rápidamente en un problema político.
El nuevo esquema busca precisamente evitar eso.
Oría ya venía trabajando cerca de Karina y había adquirido protagonismo como uno de los encargados de monitorear y orientar los contenidos vinculados con las Fuerzas del Cielo. Ahora su influencia se amplía sobre una estructura mucho mayor.
El dato de las 70 personas permite dimensionar el tamaño del aparato comunicacional que se está construyendo.
No se trata solamente de publicar fotografías del Presidente o replicar sus declaraciones.
La comunicación política digital necesita producir videos, imágenes, recortes, mensajes, respuestas y contenidos capaces de competir en un ecosistema donde la atención dura apenas unos segundos.
El desafío es especialmente grande para un Gobierno que hizo de las redes una parte fundamental de su identidad.
Milei todavía conserva una comunidad digital enorme y altamente movilizada. Pero mantener ese vínculo requiere algo más que repetir las consignas de los primeros tiempos.
La gestión también pesa.
Los salarios, el consumo, el empleo, la inflación y las dificultades económicas forman parte de una realidad que no desaparece porque las redes produzcan mejores videos.
Y allí aparece el problema que enfrenta Oría.
Puede ordenar la comunicación.
Puede mejorar la estética.
Puede coordinar equipos.
Puede intentar que los distintos sectores libertarios transmitan un mensaje coherente.
Pero ninguna estrategia de redes puede reemplazar completamente a la política.
La comunicación puede presentar una gestión de determinada manera, pero también necesita que existan resultados que sostengan ese relato.
El movimiento de Karina muestra, además, algo más profundo: la importancia que la hermana del Presidente le asigna al control del mensaje oficial.
Desde su llegada al Gobierno, Karina fue construyendo poder sobre las estructuras partidarias y territoriales de La Libertad Avanza. Ahora también busca consolidar una estructura comunicacional propia, con personas de confianza y una cadena de mando más clara.
En ese proceso, Santiago Caputo pierde parte del espacio que había ocupado en el armado comunicacional del Gobierno.
No significa necesariamente que haya quedado fuera del poder.
Pero sí muestra que la disputa interna por quién interpreta y administra la comunicación presidencial continúa.
La Casa Rosada enfrenta así una paradoja.
El Gobierno que llegó prometiendo romper con las formas tradicionales de hacer política necesita cada vez más estructura para sostener su propia maquinaria comunicacional.
Setenta personas produciendo contenidos para redes.
Equipos dedicados a monitorear publicaciones.
Influencers coordinados desde el poder.
Cineastas convertidos en estrategas políticos.
Todo eso ocurre mientras Milei intenta conservar la conexión directa que lo llevó hasta la Presidencia.
La pregunta será si esta nueva organización consigue recuperar esa conexión o si termina convirtiendo una comunicación originalmente espontánea en una maquinaria demasiado centralizada.
Por ahora, Karina tomó una decisión clara: el mensaje digital de Milei ya no puede quedar librado a las peleas internas de las Fuerzas del Cielo.
La nueva etapa tendrá a Oría detrás de las cámaras.
Y, como suele ocurrir en política, quien controla lo que se ve también empieza a tener una influencia creciente sobre lo que se dice.