Después del éxito técnico de Artemis II, la NASA ya prepara su próxima misión. Pero para volver a pisar la Luna necesita que las naves de Elon Musk y Jeff Bezos estén listas, y por ahora ninguna de las dos parece llegar a tiempo.
La NASA ya empezó a organizar Artemis III.
La misión que debería marcar el regreso de astronautas estadounidenses a la superficie lunar.
Sin embargo, el principal obstáculo ya no está dentro de la agencia espacial.
Está en manos privadas.
Para concretar ese regreso, la NASA necesita los módulos de alunizaje que desarrollan Elon Musk y Jeff Bezos a través de sus compañías espaciales.
Y ambos proyectos siguen demorados.
La cápsula Orion, desarrollada por la propia NASA, ya demostró que puede viajar alrededor de la Luna y regresar a la Tierra.
Pero no puede descender sobre la superficie lunar.
Para eso la agencia depende de la Starship de SpaceX y del Blue Moon de Blue Origin.
Dos naves todavía en fase de pruebas.
El caso más delicado es el de SpaceX.
Starship todavía no logró completar con estabilidad todas las pruebas necesarias para un vuelo tripulado de esa magnitud.
Blue Origin, por su parte, avanzó más lentamente y todavía no tiene una versión preparada para una misión humana.
La situación expone un cambio profundo en la carrera espacial.
La NASA conserva la conducción científica.
Pero una parte clave del regreso a la Luna quedó en manos de empresarios que también compiten entre sí por prestigio, contratos y poder.
La agencia busca volver.
Pero para hacerlo necesita que dos multimillonarios lleguen primero.
Mientras tanto, la Luna sigue ahí.
Más cerca que en medio siglo.
Y al mismo tiempo, todavía demasiado lejos.