La OMM advierte que El Niño podría alcanzar una intensidad sin precedentes y alerta por sus efectos en Argentina

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La Organización Meteorológica Mundial advirtió que el calentamiento del Pacífico tropical podría superar los registros de las últimas cuatro décadas, con un pico previsto hacia fines de 2026 y consecuencias que se extenderían durante 2027. En Argentina, las inundaciones en el noreste y el Litoral ya ponen bajo presión a las comunidades cercanas a los ríos Paraná y Uruguay.

El mundo enfrenta una nueva advertencia climática. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) alertó que el actual episodio de El Niño podría alcanzar una intensidad sin precedentes dentro de los registros de las últimas cuatro décadas. La preocupación no se limita a lo que puede ocurrir durante los próximos meses: los efectos del fenómeno podrían prolongarse durante buena parte de 2027 y agravar los impactos de las lluvias extremas, las inundaciones y las olas de calor en distintas regiones.

La advertencia fue presentada durante una conferencia de prensa internacional encabezada por la meteoróloga argentina Celeste Saulo, secretaria general de la OMM, junto con el responsable de asuntos humanitarios de Naciones Unidas, Tom Fletcher. Ambos funcionarios reclamaron una respuesta coordinada de los gobiernos para anticipar los riesgos y proteger especialmente a las comunidades más vulnerables.

De acuerdo con las proyecciones difundidas por el organismo, la temperatura superficial del Pacífico tropical podría registrar anomalías de hasta 3,8 grados durante el período comprendido entre noviembre de 2026 y enero de 2027. La cifra se ubicaría por encima de los valores observados durante episodios intensos anteriores, aunque las estimaciones corresponden a una región específica del océano y no significan que la temperatura global aumentará en esa misma magnitud.

Saulo advirtió que los registros disponibles ya no alcanzan para describir con comodidad el escenario que se perfila. La funcionaria señaló que los fenómenos meteorológicos extremos podrían multiplicarse y encadenarse a medida que se intensifique El Niño. Por eso, insistió en la necesidad de utilizar la información científica para preparar respuestas antes de que los impactos se conviertan en emergencias humanitarias.

El Niño es un fenómeno climático natural asociado al calentamiento anormal de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial. Ese cambio modifica la circulación atmosférica y altera los patrones de lluvia y temperatura en distintas partes del planeta. Sus consecuencias no son uniformes: mientras algunas regiones pueden sufrir precipitaciones extraordinarias e inundaciones, otras pueden atravesar sequías y períodos de calor extremo.

La preocupación actual se apoya tanto en las proyecciones como en los acontecimientos que ya se están registrando. Las lluvias intensas provocaron inundaciones en distintas zonas de América del Sur, mientras otros países enfrentaron episodios extremos que afectaron viviendas, infraestructura y actividades productivas. La magnitud de los daños dependerá de la evolución del fenómeno y de las condiciones particulares de cada territorio.

En Argentina, la atención se concentra especialmente en el noreste y el Litoral, donde las crecidas de los ríos Paraná y Uruguay ya afectan a localidades ribereñas. Los elevados caudales provenientes de distintas zonas de las cuencas obligaron a reforzar el seguimiento hidrológico y las medidas preventivas. En algunos puntos, las inundaciones generaron evacuaciones y dificultades para las familias que viven cerca de las costas.

Las represas de Itaipú y Yacyretá también forman parte del escenario regional. Las maniobras destinadas a aliviar la presión generada por los altos caudales deben coordinarse con el seguimiento de las condiciones aguas abajo, donde los cambios en el nivel de los ríos pueden afectar a poblaciones, caminos y establecimientos rurales.

El problema no termina cuando deja de llover en una localidad. El agua acumulada en las cuencas superiores continúa desplazándose y puede mantener elevados los niveles durante días o semanas. Si nuevas precipitaciones se suman a ese volumen, la situación puede complicarse, especialmente en zonas bajas con escasa capacidad de drenaje.

Los impactos también alcanzan a la producción agropecuaria. Las inundaciones pueden dificultar el traslado de ganado, interrumpir caminos rurales, afectar cultivos y demorar tareas agrícolas. En las ciudades, el agua puede dañar viviendas e infraestructura, interrumpir servicios y aumentar los riesgos sanitarios cuando los sistemas de saneamiento resultan desbordados.

La dimensión social es central en la advertencia internacional. Las comunidades con viviendas precarias, acceso limitado al agua potable o servicios de salud insuficientes suelen tener menos recursos para recuperarse de una inundación o una sequía prolongada. Los daños pueden extenderse mucho después del evento meteorológico, mediante pérdidas de ingresos, interrupciones educativas y dificultades para recuperar las condiciones de vida.

Por eso, la OMM y los organismos humanitarios de Naciones Unidas insisten en que las alertas deben traducirse en acciones concretas. La preparación incluye fortalecer los sistemas de pronóstico, mantener los canales de comunicación con la población, identificar zonas expuestas y asegurar que los recursos de emergencia puedan llegar a tiempo.

La anticipación puede marcar una diferencia importante. El mantenimiento de desagües, la protección de las costas, la planificación de evacuaciones y la disponibilidad de refugios son medidas que reducen riesgos cuando se implementan antes de que llegue una crecida. También resulta fundamental que las autoridades compartan información actualizada y que las comunidades conozcan los procedimientos previstos para responder ante una emergencia.

El desafío es global, pero las respuestas deben adaptarse a cada territorio. Los modelos climáticos permiten anticipar tendencias y probabilidades, aunque no determinan con exactitud dónde ocurrirá cada tormenta ni cuál será la magnitud de todos sus efectos. Por eso, las previsiones deben combinarse con el monitoreo meteorológico e hidrológico y con información local.

El calentamiento del Pacífico también vuelve a poner sobre la mesa la relación entre los fenómenos naturales y la vulnerabilidad construida por las sociedades. El Niño no es una consecuencia directa del cambio climático causado por las actividades humanas, pero el calentamiento global modifica el contexto en el que se producen los extremos meteorológicos y puede intensificar determinados impactos.

La advertencia de Naciones Unidas deja una conclusión que va más allá de la evolución de las temperaturas oceánicas. Los eventos extremos no tienen por qué convertirse inevitablemente en catástrofes humanitarias. La planificación, la infraestructura adecuada, la cooperación entre países y la protección de las poblaciones expuestas pueden reducir las pérdidas y salvar vidas.

Para Argentina, el seguimiento de las crecidas en el Litoral y el noreste será decisivo durante las próximas semanas. La evolución de las lluvias, los niveles de los ríos y los pronósticos oficiales permitirá ajustar las medidas necesarias en cada localidad.

El tiempo para prepararse sigue abierto, pero no de manera indefinida. Ante un fenómeno que podría extender sus efectos durante meses, la diferencia entre una advertencia y una respuesta eficaz dependerá de la capacidad de actuar antes de que el agua vuelva a desbordar las costas.