Creando Conciencia, una organización cooperativa de Benavídez, obtuvo la verificación internacional People and Planet First por un modelo que combina economía circular, generación de empleo y reinserción laboral. La experiencia muestra cómo la recuperación de residuos puede convertirse también en una herramienta de inclusión y trabajo digno.
En una sociedad que produce cada vez más residuos, recuperar materiales no es solamente una cuestión ambiental. También puede ser una oportunidad para generar empleo, fortalecer comunidades y construir una economía que mida sus resultados más allá de las ganancias. Esa es la apuesta de Creando Conciencia, una cooperativa del partido bonaerense de Tigre que recibió una verificación internacional por su modelo de reciclaje e inclusión social.
El reconocimiento fue otorgado por People and Planet First, una iniciativa global que identifica organizaciones cuyo propósito principal es generar beneficios para las personas y el ambiente, por encima de la maximización de las ganancias. La distinción llegó después de un proceso de evaluación en el que la cooperativa presentó evidencias sobre su propósito y su forma de gestión.
Creada en 2006, Creando Conciencia nació de la preocupación de vecinos por la disposición final de los residuos y las condiciones laborales precarias de quienes trabajaban como cartoneros. Desde entonces, desarrolló una actividad que combina la recolección, separación, clasificación y recuperación de materiales reciclables con la generación de oportunidades laborales para recuperadores urbanos.
Actualmente, la organización cuenta con 51 socios y mantiene contratos de recolección con barrios de Benavídez y Tigre, además de trabajar con distintas empresas. Su actividad busca reducir la cantidad de materiales que terminan en rellenos sanitarios y reincorporar los residuos recuperados a circuitos productivos.
La propuesta se apoya en una idea central de la economía circular: aquello que se descarta no necesariamente perdió su valor. Papel, cartón, plástico y otros materiales pueden volver a utilizarse como recursos, siempre que existan sistemas de separación, clasificación y tratamiento adecuados. En ese proceso, el trabajo de los recuperadores urbanos resulta fundamental para conectar los residuos con nuevas posibilidades de aprovechamiento.
Pero el modelo de Creando Conciencia incorpora una dimensión adicional. La recuperación de materiales funciona también como una vía para promover el trabajo digno y la inclusión de personas que históricamente desarrollaron su actividad en condiciones de informalidad y vulnerabilidad.
La verificación de People and Planet First contempla cinco estándares. Las organizaciones deben tener un propósito social o ambiental definido, priorizar ese propósito y el bienestar de las personas y del planeta en sus decisiones, contar con un modelo de ingresos sostenible, reinvertir la mayor parte de sus excedentes en su misión y disponer de una estructura capaz de proteger esos objetivos a largo plazo.
El reconocimiento no equivale a una certificación tradicional de tercera parte. Se trata de una verificación participativa que busca identificar organizaciones comprometidas con esos principios e integrarlas en una red internacional. Su importancia radica en ofrecer criterios para evaluar si el propósito social y ambiental declarado se refleja también en el funcionamiento cotidiano.
Para una cooperativa como Creando Conciencia, ese respaldo permite proyectar su experiencia más allá del ámbito local y fortalecer la confianza de quienes trabajan con ella. Empresas, instituciones y comunidades pueden encontrar en este tipo de iniciativas una alternativa para gestionar sus residuos mediante organizaciones que articulan objetivos ambientales y sociales.
La tarea también incluye acciones de formación. La cooperativa desarrolla cursos sobre separación de residuos en origen, una práctica que permite mejorar la calidad de los materiales recuperados y facilitar su posterior reciclaje. Sus integrantes cuentan con capacitación como promotores ambientales, vinculada con la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires.
La separación en origen es una de las piezas que determinan el funcionamiento de cualquier sistema de reciclaje. Cuando los residuos se mezclan, muchos materiales pierden valor o requieren procesos adicionales para poder recuperarse. En cambio, una clasificación adecuada desde los hogares, las escuelas, los comercios y las empresas puede facilitar el trabajo de los recuperadores y mejorar la eficiencia del circuito.
La experiencia de la cooperativa refleja, además, una discusión más amplia sobre la gestión de los residuos en las ciudades. La reducción de lo que llega a los rellenos sanitarios requiere infraestructura, planificación pública, participación ciudadana y sistemas de recuperación capaces de sostenerse en el tiempo. No alcanza con promover el reciclaje como una conducta individual si no existen organizaciones y circuitos que permitan procesar los materiales recuperados.
En ese esquema, las cooperativas pueden cumplir una función económica y social relevante. Además de recuperar recursos, generan puestos de trabajo y construyen formas de organización en las que sus integrantes participan de una actividad productiva compartida. El desafío es que esas tareas se desarrollen con condiciones laborales adecuadas, ingresos sostenibles y reconocimiento dentro de las políticas de gestión ambiental.
El reconocimiento internacional también invita a pensar qué se considera éxito en una organización. Mientras los modelos tradicionales suelen concentrarse en la rentabilidad, las iniciativas de economía social incorporan otras variables: la calidad del empleo, la reinversión de los excedentes, el impacto sobre la comunidad y la reducción de la presión sobre los recursos naturales.
Eso no elimina los desafíos económicos. Una cooperativa necesita contratos, infraestructura, equipamiento y una demanda estable para sostener su actividad. La intención ambiental, por sí sola, no garantiza la continuidad de un proyecto. Por eso, combinar un propósito social con una estructura de ingresos viable es uno de los aspectos centrales del modelo reconocido.
La trayectoria de Creando Conciencia muestra que la inclusión social y la protección ambiental pueden formar parte de una misma estrategia productiva. Recuperar materiales, reducir residuos y generar oportunidades laborales no son objetivos necesariamente separados: pueden reforzarse cuando existe una organización capaz de articularlos.
La verificación de People and Planet First constituye un reconocimiento a ese camino, pero también pone sobre la mesa una tarea pendiente para las ciudades: construir sistemas de gestión de residuos que valoren el trabajo de los recuperadores y permitan que la economía circular deje de ser una consigna para convertirse en una práctica cotidiana.
En Benavídez, esa transformación comenzó hace dos décadas a partir de una preocupación vecinal y hoy encuentra una nueva forma de proyección internacional. La experiencia recuerda que una política ambiental también puede medirse por las oportunidades que genera y por la capacidad de una comunidad para convertir un problema compartido en una respuesta colectiva.