Las principales entidades financieras argentinas cotizan por debajo de los valores registrados durante las crisis de 2019 y 2025. La caída de la actividad, el aumento de la morosidad y la contracción del crédito golpean a un sector que había aparecido entre los posibles beneficiarios del programa económico del Gobierno.
El sistema financiero argentino atraviesa un momento de creciente incertidumbre. Las acciones de los principales bancos acumulan fuertes pérdidas y sus valuaciones bursátiles volvieron a ubicarse en niveles que reflejan la desconfianza de los inversores sobre el rumbo de la economía. La situación expone una contradicción para el Gobierno de Javier Milei: uno de los sectores que inicialmente parecía destinado a beneficiarse con el nuevo esquema económico también empieza a sentir el impacto de la recesión.
Un relevamiento sobre seis entidades financieras muestra que la relación promedio entre el precio de sus acciones y su valor contable cayó a 0,82 veces. Se trata de un nivel inferior al registrado durante los mínimos previos a las elecciones de 2025, cuando había llegado a 0,85, y también por debajo de las 1,11 veces observadas después de las elecciones primarias de 2019.
Este indicador permite observar cuánto está dispuesto a pagar el mercado por cada peso de patrimonio de un banco. Cuando la relación se ubica por debajo de uno, significa que los inversores valoran a la entidad por menos de lo que representa su patrimonio contable. No es una medida aislada de rentabilidad, pero sí una señal de las expectativas que rodean al negocio.
Las diferencias entre entidades también resultan significativas. Banco Hipotecario cotiza a 0,44 veces su patrimonio y Banco Patagonia a 0,54. Supervielle se ubica en 0,71, BBVA Argentina en 0,83 y Galicia en 0,85. El deterioro alcanza así a buena parte del sector, aunque con distinta intensidad.
La última semana de octubre profundizó las pérdidas. Según datos de Fortress Capital, las acciones de Supervielle retrocedieron un 15,1% y las de Galicia un 14,3%, mientras que el índice Merval cayó un 10,3% medido en dólares. La consultora también señaló que los bancos argentinos cotizan con un descuento cercano al 40% frente a sus pares regionales.
Detrás de ese comportamiento aparecen varios factores que se refuerzan entre sí. La actividad económica continúa mostrando dificultades, las familias acumulan compromisos financieros que no siempre pueden afrontar y las empresas encuentran obstáculos para sostener sus operaciones. En ese contexto, aumenta la cantidad de créditos con atrasos y se reduce la capacidad de los bancos para expandir sus préstamos sin asumir mayores riesgos.
El problema de la morosidad se convirtió en una de las principales preocupaciones. Alrededor de 5,9 millones de personas registran atrasos en sus pagos, sobre un universo de 20,1 millones de deudores. El crecimiento del financiamiento al consumo, que en otro escenario podría interpretarse como una señal de dinamismo, deja al descubierto sus límites cuando los ingresos no acompañan el aumento de las obligaciones.
Para las entidades, una mayor cantidad de créditos impagos implica destinar más recursos a cubrir posibles pérdidas. Al mismo tiempo, la debilidad de la actividad reduce la demanda de nuevos préstamos y limita las oportunidades de financiar proyectos productivos. El resultado es una combinación compleja: más riesgos sobre la cartera existente y menos posibilidades de ampliar el negocio.
La situación contrasta con los primeros meses del programa económico. Durante la etapa inicial de la gestión libertaria, los bancos encontraron oportunidades de rentabilidad en los instrumentos de deuda pública y en las tasas de interés elevadas. Sin embargo, esa dinámica no se tradujo necesariamente en una recuperación del crédito destinado a la producción y al consumo.
De hecho, la dependencia de los resultados financieros vinculados al Estado convive con un sistema que todavía tiene dificultades para recuperar su función tradicional de canalizar ahorro hacia empresas y hogares. Cuando la economía real pierde dinamismo, el negocio bancario también queda expuesto, incluso si algunas operaciones financieras ofrecen ganancias en determinados períodos.
Los indicadores de actividad refuerzan ese diagnóstico. El estimador mensual de actividad económica registró una caída interanual del 1,7% en agosto, mientras que el consumo privado acumuló una contracción del 1,7% durante el primer semestre. La debilidad de las ventas, la pérdida de capacidad de compra y las dificultades de las empresas terminan trasladándose al sistema financiero.
La caída de las cotizaciones también ocurre en un contexto de incertidumbre política y financiera. El riesgo país superó los 800 puntos básicos y los bonos argentinos volvieron a mostrar debilidad, mientras los inversores observan con cautela el horizonte económico y electoral de 2027. La desconfianza no se limita a las perspectivas de los bancos: alcanza a los activos argentinos en general.
Fortress Capital, sin embargo, contempla la posibilidad de una recuperación de los resultados bancarios durante el próximo trimestre y considera que las valuaciones actuales podrían representar una oportunidad de inversión. Esa expectativa convive con una advertencia sobre los riesgos políticos y económicos que todavía pesan sobre el país. La eventual mejora dependerá, entre otras variables, de que se recupere el crédito y disminuya la morosidad.
La discusión de fondo excede el comportamiento de la Bolsa. Un sistema financiero saludable necesita que las familias puedan cumplir con sus obligaciones, que las empresas tengan perspectivas de crecimiento y que exista demanda de crédito para sostener la producción. La estabilidad cambiaria y el equilibrio fiscal pueden formar parte de ese proceso, pero no garantizan por sí solos una recuperación de la economía real.
El derrumbe de las acciones bancarias expone precisamente esa tensión. El Gobierno apostó a que la estabilización macroeconómica abriría una etapa de expansión de la inversión y del crédito. Sin embargo, las cotizaciones muestran que el mercado todavía no encuentra fundamentos suficientes para respaldar esa expectativa.
Los bancos no pueden permanecer al margen de lo que ocurre en la economía cotidiana. Cuando cae el consumo, se debilitan las empresas y los hogares tienen dificultades para pagar sus deudas, las consecuencias terminan reflejándose en los balances y en las decisiones de inversión. La evolución del sector financiero se convirtió así en otro indicador de los desafíos que enfrenta el programa económico de Milei.