La fábrica funciona en el aserradero de Corfone, en Junín de los Andes, y demandó una inversión de 3,8 millones de dólares. Con una capacidad proyectada de 6.000 toneladas anuales, convertirá aserrín, viruta y otros descartes de madera en combustible para calefacción, una alternativa destinada especialmente a localidades que todavía no cuentan con acceso al gas natural.
Lo que durante años fue considerado un descarte de la industria forestal ahora tendrá un nuevo destino productivo en Neuquén. La provincia inauguró su primera planta de pellets de biomasa en Junín de los Andes, una instalación que permitirá transformar restos de madera en combustible para calefaccionar hogares e instituciones y sumar una nueva actividad a la cadena forestal.
La fábrica fue instalada en el aserradero de la Corporación Forestal Neuquina (Corfone) y demandó una inversión cercana a los 3,8 millones de dólares. El financiamiento se concretó mediante un esquema de leasing articulado con Gas y Petróleo del Neuquén (GyP), mientras que la planta incorpora tecnología de origen italiano para procesar los residuos de la actividad maderera.
El establecimiento tiene una capacidad de producción de dos toneladas por hora, equivalente a unas 6.000 toneladas anuales. Para funcionar utilizará materiales que surgen del procesamiento industrial de la madera, como aserrín, viruta y cantoneras, provenientes de los aserraderos que Corfone posee en Abra Ancha y en el parque industrial de Junín de los Andes.
La iniciativa busca modificar el destino de una parte de esos materiales, que hasta ahora tenían un aprovechamiento limitado y, en algunos casos, representaban costos de disposición. Con la nueva infraestructura, los residuos ingresan a un proceso industrial que los convierte en un producto comercial y permite incorporar valor agregado a la producción forestal provincial.
El gobernador Rolando Figueroa encabezó la inauguración y destacó la posibilidad de aprovechar integralmente los recursos de los bosques implantados. El presidente de Corfone, Jorge Lara, también remarcó que la planta permite completar una etapa del circuito productivo al transformar los restos de madera en una materia prima útil para generar energía.
La apuesta tiene una dimensión económica y otra ambiental. Por un lado, abre una nueva unidad de negocio para la empresa provincial y permite explorar mercados para la comercialización de pellets. Por otro, ofrece una alternativa para reducir la acumulación de residuos forestales, que requieren una gestión adecuada para evitar que se conviertan en una carga ambiental o aumenten el material combustible disponible en determinadas áreas.
Uno de los destinos principales de la producción será la calefacción. Los pellets son pequeños cilindros elaborados a partir de biomasa compactada y se utilizan en estufas y calderas especialmente diseñadas para ese combustible. Su incorporación puede ampliar las opciones disponibles en localidades y parajes donde la red de gas natural todavía no llega o cuya expansión requiere inversiones de largo plazo.
En una provincia atravesada por inviernos rigurosos y grandes distancias entre centros urbanos, contar con alternativas energéticas locales representa un desafío concreto. La nueva planta no reemplaza la necesidad de extender las redes de gas ni resuelve por sí sola las dificultades de acceso a la calefacción, pero suma una herramienta que puede complementar las políticas de infraestructura y abastecimiento.
El proyecto también abre interrogantes sobre su desarrollo comercial. La capacidad instalada permitirá producir a escala industrial, pero el crecimiento de esta actividad dependerá de la demanda, de la disponibilidad de materia prima, de los costos de transporte y de la incorporación de equipos de calefacción compatibles en hogares e instituciones.
La inauguración posiciona a Junín de los Andes como un punto estratégico para la producción de energía a partir de biomasa y amplía el horizonte de Corfone, una empresa que participa en distintas etapas de la actividad forestal neuquina. La transformación de la madera ya no se limita a la elaboración de tablas, tirantes y materiales para la construcción: ahora también incorpora la producción de combustible.
El desafío será sostener esa integración y lograr que la inversión se traduzca en empleo, actividad económica y soluciones energéticas accesibles para las comunidades. En una provincia cuya matriz productiva tiene un fuerte peso de los hidrocarburos, el aprovechamiento industrial de los recursos forestales abre otra escala de diversificación: convertir lo que antes se descartaba en un insumo para producir energía.