Un relevamiento nacional mostró un escenario cada vez más crítico para los ingresos en Argentina. El 90% asegura que su sueldo no alcanza para cubrir necesidades esenciales y el endeudamiento ya afecta a más de tres cuartos de los hogares.
Trabajar ya no garantiza llegar a fin de mes.
Y quizás esa sea una de las transformaciones más profundas —y más silenciosas— de la Argentina actual.
Un nuevo relevamiento nacional reveló que el 90% de los trabajadores considera que sus ingresos no alcanzan para cubrir gastos básicos, mientras que el 77% reconoció estar endeudado para sostener consumos cotidianos, pagar servicios o comprar alimentos.
La cifra funciona casi como una radiografía social del presente económico.
Porque el problema ya no aparece solamente entre sectores históricamente vulnerables.
También golpea a empleados formales, profesionales y familias de clase media que durante años lograron sostener cierta estabilidad.
Ahora la escena se repite en gran parte del país.
Tarjetas al límite.
Compras en cuotas para gastos esenciales.
Y salarios que pierden velocidad frente a tarifas, alimentos y servicios.
El fenómeno empezó a profundizarse durante el último año con la combinación de inflación persistente, caída del consumo y fuerte ajuste económico impulsado por el gobierno de Javier Milei.
Aunque algunos indicadores macroeconómicos muestran desaceleración inflacionaria, en la vida cotidiana la percepción sigue siendo mucho más áspera.
Porque los gastos básicos continúan subiendo muy por encima de los ingresos.
Y ahí el deterioro se vuelve completamente tangible.
El endeudamiento aparece además como una de las señales más preocupantes.
Muchas familias ya no toman crédito para bienes grandes o proyectos personales.
Ahora se endeudan para pagar supermercado, alquiler o servicios.
Es decir: para sostener la vida cotidiana.
La situación también empieza a modificar hábitos sociales.
Menos consumo cultural.
Menos salidas.
Recortes en salud privada, recreación y actividades educativas.
La economía doméstica se reorganiza alrededor de una lógica defensiva donde casi todo pasa por sobrevivir al mes siguiente.
Mientras tanto, desde el Gobierno insisten en que el ajuste forma parte de un proceso necesario para estabilizar la economía y reducir la inflación estructural.
Pero en gran parte de la sociedad la sensación es otra.
Que la estabilidad prometida todavía no llega.
Y que el costo social empieza a volverse demasiado pesado para sectores que ya venían golpeados desde hace años.
La escena deja además una pregunta bastante incómoda para el presente argentino.
Qué ocurre cuando incluso quienes trabajan todos los días empiezan a sentir que el esfuerzo ya no alcanza para sostener una vida mínimamente previsible.