La pelea entre el sector de Karina Milei y el armado de Santiago Caputo escaló a un nivel inédito dentro del Gobierno. Patricia Bullrich quedó en el centro de las acusaciones por presuntas filtraciones y la Casa Rosada suspendió encuentros políticos en medio del escándalo.
La interna libertaria ya dejó de ser un rumor de pasillos.
Ahora explota en público.
Y empieza a afectar directamente el funcionamiento político del Gobierno.
Karina Milei acusó en privado a Patricia Bullrich de filtrar discusiones internas de las reuniones de Gabinete y ordenó suspender distintos encuentros políticos en Casa Rosada en medio de la feroz pelea entre el sector que responde a Santiago Caputo y el armado de los Menem.
La tensión escaló después del escándalo alrededor de cuentas anónimas en redes sociales vinculadas a operaciones internas contra dirigentes oficialistas.
El conflicto terminó enfrentando directamente a Santiago Caputo con Martín Menem y dejó expuesta otra fractura dentro del círculo más cercano a Javier Milei.
En ese contexto, Patricia Bullrich quedó atrapada en el centro de la disputa.
Desde el karinismo aseguran que la ministra “sale y cuenta todo” después de las reuniones políticas y consideran que sus movimientos profundizan todavía más el clima de desconfianza interna.
La decisión de suspender reuniones refleja hasta qué punto escaló la crisis.
Según trascendió, el Gobierno busca reducir al mínimo los encuentros ampliados y limitar las mesas políticas solamente a ministros y funcionarios estrictamente necesarios para evitar nuevas filtraciones y operaciones cruzadas.
El problema para Milei ya no parece solamente comunicacional.
También político.
Porque el llamado “triángulo de hierro” —integrado por Javier Milei, Karina Milei y Santiago Caputo— muestra fisuras cada vez más visibles mientras distintos sectores libertarios empiezan a disputar poder de forma abierta.
La pelea además ocurre en uno de los momentos más delicados para el oficialismo.
El Gobierno enfrenta desgaste económico, protestas universitarias, denuncias por corrupción alrededor de Manuel Adorni y tensiones crecientes con aliados políticos que hasta hace poco mantenían alineamiento casi total con la Casa Rosada.
Bullrich aparece además jugando un partido propio.
En las últimas semanas ya había tomado distancia en otros conflictos internos y comenzó a construir un perfil más autónomo dentro del oficialismo, algo que sectores cercanos a Karina Milei observan con cada vez más incomodidad.
Mientras tanto, Javier Milei intenta evitar una ruptura abierta entre sus principales armadores políticos.
Pero la escena empieza a mostrar un Gobierno cada vez más absorbido por sus propias disputas internas.
Y en política, cuando las peleas de poder empiezan a ocupar más espacio que la gestión, el desgaste suele acelerarse bastante rápido.